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MUSEO DE ANTIGÜEDADES (HISTORIA DE MADRID)

(plaza de Oriente núm. 4).

Ya indicamos al hablar de la Biblioteca Nacional, que en este edificio existia un Museo de antigüedades, y ahora quisiéramos describirlo con la minuciosidad que lo hizo el ilustrado Sr. Castellanos de Losada , en el catálogo que p u blicó en 1847; pero ni aun la demasiada estension que d a mos al a r t . de Madrid nos lo permite , sin a r r o s t r a r l a nota de molestos. Por eso nos limitaremos solo á dar una idea de las preciosidades que se custodian en las salas XIV y XV de la Biblioteca. En la primera y en 7 hermosos estantes de eaoba se encuentran los principales libros que tratan de antigüedades monumentales y de los de numismática, entre los que se hallan las famosas descripciones de los museos y monetarios mas notables de Europa. Adornan esta sala 24 cuadros pintados al ó l e o , dé igual tamaño y marcos dorados, en los que se ven otros tantos célebres escritores eclesiásticos ; un cuadro dorado tambien, pero de mayor dimensión y hermoso c r i s t a l , tiene sobre fondo de raso azul 65 medallones de p a s t a blanca con cercos d o rados , que representan cronológicamente los reyes de Francia desde Faramundo hasta Luis XV; cuyo cuadro perteneció al infante D. Gabriel, como 4 bonitos estantes de caoba donde hay 44 bajos relieves improntas en yeso de los famosos frisos del Partenon de Atenas , sacados «con a d mirable exactitud, y ademas camafeos con r e t r a t o s de a n tiguos é ilustres personajes, como tambien imprei-siones do bellísimas obras del a r t e del grabado en hueco y en alto-, finalmente hay en esta sala un cuadro de caoba con 25 improntas de yeso sacadas del bronce , que forman una sola pieza, y representa la vida v pasión del Salvador del mundo.

En la sala XV que es donde se halla la colección de a n t i güedades, procedentes casi todas de las primeras escavanónos hechas en Pompeya y en Herculano , y que fueron regaladas por Carlos I I I ; hay varios cuadros dé mucho m é rito , tales son los 18 de caoba con improntas en yeso de bajos relieves, y camafeos de la época mas brillante del a r t e ant. y moderno , é impresiones copias de los mejores cuadros de Rafael, Leonardo de Vinci y o t r o s aventajados artistas los retratos do Luis I , príncipe de Asturias, Fernando VL. Maria Ana Victoria , que fue reina de P o r t u gal, y el de Felipe , duque de Parina , todos en su menor edad, pintados al óleo en 1727 por D. Miguel Melendez ; el r e t r a to del cardenal Albornoz y el cuadro que contiene una máquina para colocar 12 medallas que sin tocarlos puedan verse por el anverso y fl r e v e r s o , el cual perteneció también al infante D. Sebastian. En esta misma sala se conservan 965 libros, en varios idiomas, pertenecientes al primer siglo de la i m p r e n t a ; el mas ant. es el Lactantii Fermiani de Diviriié ínstitutionibus , impreso en 1465 en el monasterio Sublacensis entre las obras impresas en España figura como la mas a n t . Alonso de falencia, déla perfección del triunfo militar, y tiene una nota impresa en que dice fue compuesta en 1459. Entre las ediciones de v i tela hay un breviario latino que al final de cada mes del calendario con que principia , pone una regla higiénica aplicable al mismo mes, v al folio 54 inserta una carta de Léntúlo, coetáneo deJesíis, en la que describe el físico y virtudes de Cristo, v finalmente sc encuentran varios libros de caballería de la misma época de la imprenta. En el cene t ro de la anaquelería de la colección de antigüedades y del tamaño natural hay un b u s t o en madera, v con la cabeza de barro cocido, que seria el mismo modelo del satírico Quererlo.

Sobre esta bonita anaquelería hay 6 medallones de madera, en uno se ve el busto del emperador Trajano y los demás bustos de príncipes y princesas de la casa de Borbon. Dent ro de la estanteria y colocados por secciones se hallan obj e t o s de carácter egipcio, momias, sacerdotes, instrument o s , animales, objetos de carácter etruscos, p a t e r a s , espejos , vasos pintados llamados etruscos, objetos de carácter griego y r o m a n o , bustos en bronce mitológicos y de figuras desconocidas , bustos en mármol blanco, ex-votos de bronce en figura de animales, objetos militares, restos de a r m a d u r a s , lanzas, espadas, puñales, flechas ó saetas de h i e r r o , espuelas, hachas de armas ó de sacrificios , candelabros, vasos romanos de bronce y de b a r r o , mosaicos, cantos rodados con inscripciones romanas sentenciosas, lápidas sepulcrales latinas, lámparas romanas de bronce, lámparas fútiles ó de b a r r o s , sellos, bajos relieves, objetos en bronce de carácter galo, que algunos anticuarios creen pertenezcan á fábrica española a n t . ; los hay tambien de carácter gótico y de la edad media ; placas ó condecoracion e s , anillos signatorios romanos y de la edad media , bajos relieves con asuntos cristianos, objetos de carácter indio, chino y árabes; una gran colección sellográfioa de bronce grabados en hueso, pertenecientes á particnlares. obispos, iglesias y corporaciones religiosas, que son matrices de los sellos de plomo que se colgaban en las actas y documentos ant. , anillos romanos, árabes y de la edad media, varias sortijas y pendientes, v por último 19 piezas del sortijero de nuestro amigo el virtuoso Arguelles.

MUSEO DE CIENCIAS NATURALES (HISTORIA DE MADRID)

(calle de Alcalá, núm^ 19.) Desde el reinado de Fernando VI, el Gobierno español parece habia tratado de establecer en Madrid un gabinete de historia natural, á cuyo fus se mandaron r e coger , bajo la dirección de D. Guillermo Bowles, muchos objetos curiosos, cuya custodíale fue igualmente encomendada.

Posteriormente Carlos III, decidido protector de las ciencias naturales, mandó erigirlas en Madrid tres monumentos contiguos; el Observatorio astronómico, el Jardin botánico y el Museo, llamado hoy de pinturas, que por su magnificencia material, nos hacen calcular cuales serian los proyectos científicos, que se proponía aquel ilustrado m o narca.

En efecto, estos tres edificios estaban destinados desde su origen á constituir un solo establecimiento el Museo de Ciencias naturales de Madrid del que nos proponemos dar algunas noticias en este artículo; pues aunque p o co larga la techa de su existencia, no por eso ha dejado de ofrecer diferentes modificaciones antes de llegar al estado en que hoy se encuentra. Destinado el Observotorio para el estudio práctico de la astronomía, y cl j a r d in botánico para el cultivo y la enseñanza de la ciencia de las p l a n t a s , se pensó colocar en el suntuoso edificio del Museo del Prado los gabinetes mineralógicos y zoológicos con las cátedras en que se enseñan estas ciencias, mas las de física y química.

De los t r e s edificios referidos el del Jardin Botanicofue el que a n t e s se concluyó y sirvió á su objeto, é ínterin se terminaba la construcción de los otros dos, se estableció provisionalmente el gabinete de historia natural en el cuarto 2.° de la academia de San Fernando. Después de muchas dificultades, se dio cima por último á la principal obra del Museo del Prado; pero por una fatalidad para las ciencias naturales, ha tenido un destino muy diferente del que se habia propuesto su fundador, por cuyo motivo las ricas colecciones del gabinete de historia natural, siguieron depositadas en el estrecho recinto ya mencionado. Sirvieron de base á estas colecciones los objetos recogidos por D. Guillermo Bowles, y una gran parte de los que formaron el gabinete particular de D. Pedro FrancoDávila,adquiridas por la nación mediante un contrato del Gobierno con este señor, en consecuencia del cual se le nombraba director perpetuo del establecimiento con el sueldo anual de 60,000 r s . y casa.

Por las noticias que hemos podido recoger, se puede asegurar que la parte mineralógica del gabinete fue la que desde luego recibió considerables aumentos, siendo uno de los mayores la magnífica colección que el Gobierno compró al comerciante inglés Mr. Forster , rica en ejemplares de gran tamaño y exacta determinación. Carlos III empleó todos aquellos medios que podian acelerar la terminación de su proyecto; y no contento con las compras que su Gobierno hacia, de cuantas preciosidades se le ofrecían para completar las colecciones del Museo, mandó verificar á diferentes recolectores, espediciones dentro y fuera de la Península con el fin de recoger objetos naturales. Heñían, Neé, Pineda, Mociño, Sessé, Herrgen, Talaker, Espiñeira y muchos botánicos ilustres fueron de este número; debiéndose á la laboriosidad de tan eminentes naturalistas muchas de las r i quezas que en el dia posee nuestro Museo. Tambien contribuyeron á su engrandecimiento las acertadas y terminantes órdenes que el ilustrado monarca hizo espedir á todos sus gobernadores de España ó Indias, mandándoles remitir al establecimiento cuantas producciones naturales se encontrasen en los distritos encomendados á su particular autoridad; consiguiendo de e s t e modo dos útilísimos objetos L.° tener noticia de las riquezas que la naturaleza ofrecía en sus dominios; y 2.° poseer muestra de ellas para admiración de los curiosos y estudio de los naturalistas en la metrópoli de su imperio. Es por demás decir que después de la muerte de Carlos III el Museo de Madrid se resintió de la falta de su protector; sobre todo, cuando los trastornos déla nación fueron desquiciando las mas sólidas obras de los tiempos pasados. Concluida la guerra de la Independencia y desembarazado el Gobierno de sus mas serias atenciones, Fernando YII decretó en 18151a reorganización del citado Museo, reuniendo el gabinete de historia natural, ¡ardin Botánico y Observatorio Astronómico, con la agregación de las cátedras de mineralogía , zoologia, botánica, física, química y astronomía. Puso á su frente una j u n t a llamada de protección compuesta de personas muy i n s t r u i d a s , que indudablemente hubieran llevado la obra á su fin si los deseos que las animaban, hubiesen sido secundados con los medios indispensables; pero el erario de la nación habia quedado exhausto, y no era fácil volver á los tiempos en que Carlos III prodigaba los millones para hacer adelantar las ciencias.

Asi siguió nuestro Museo hasta el mes de setiembre de 1837 en que de nuevo se modificó su parte gubernativa, que fue confiada á otra junta formada por los profesores del mismo establecimiento. Últimamente, los cambios verificados en todos los ramos de instrucción pública, tambien han modificado el referido decreto de 1837, y en el reglamento del Museo aprobado por S. M. en el año de 1847 se ha organizado definitivamente el establecimiento de que tratamos, componiéndole el gabinete de Historia natural, el j a r – din Botánico y las cátedras de mineralogía, geología, anatomía comparada, zoografiay botánica pertenecientes álos estudios superiores. La parte económica y directiva ha quedado á cargo de un gefe local; una j u n t a facultativa compuesta esclusivamente de los profesores de Historia natural de la facultad de ciencias de la universidad de Madrid, tiene encomendado el adelanto de las que son objeto del Museo; la clasificación y arreglo de sus colecciones toca á los c a tedráticos respectivos, aumentándose por los trabajos de los colectores y corresponsales del mismo, no menos que por los cambios verificados con otros establecimientos análogos, y adquisiciones hechas por compra; quedando la enseñanza sujeta á lo prevenido en el último plan de instrucción pública. Estos son los principales puntos del reglamento vigente en el Museo de Madrid; v no hay duda que con su exacta observancia llegará al grado de esplendor que corresponde á un establecimiento de su clase lo decimos con tanta mas seguridad, cuanto que lo prevenido en dicho r e glamento no es un mero ensayo que se trata de hacer, sino una convicción adquirida por la esperiencia de 6 años, durante los cuales no solo se fian formado en este Museo maestros, que están difundiendo la ciencia en las principales universidades del r e i n o , sino que sus colecciones se han duplicado unas, cuadruplicado otras, dado un nuevo orden á todas, y establecido algunas que faltaban casi completamente antes de la época citada, como puede observarse visitando las galerías del gabinete, leyendo sus catálogos, ó bien haciéndose cargo de los párrafos siguientes.- Mineralogía. Puede asegurarse sin temor de ser d e s mentido , que la colección de minerales colocados en las salas públicas de nuestro Museo es la mas notable de cuantas se conocen hoy dia, t a n t o por la magnificencia y tamaño de los ejemplares que la componen , como por su exacta caracterización.

Esta colección verdaderamente regia, sorprende al curioso que por primera vez la visita , habiéndose observado mas de una vez estasiarse delante de sus ejemplares naturalistas de gran nombradia, acostumbrados á ver los museos mas completos de Europa. Con t o d o , la colección de minerales aun no aparenta lo que en realidad e s , pues la construcción poco apropósito de los armarios que la contienen, sobrado altos y cargados de madera han impedido colocar todos los ejemplares al alcance de la vista ; y por otra parte, la estrechez del local, que en la actualidad ocupa el gabinete no permite dar cabida á duplicado número que hay depositados en ciento setenta y tantos cajones que se e n cuentran en los sótanos del Museo , hasta que establecido este en un lugar mas amplio pueda ostentar todas sus riquezas.

La colección pública de mineralogía, ha recibido últimamente una nueva colocación en la que el digno profesor de este ramo, ha procurado conciliar el orden científico con Ja visualidad de los ejemplares, presentando los mas notables por su rareza ó tamaño encima de las mesas que ocupan el centro de las salas con el fin de facilitar su inspección y estudio. Están clasificados por el sistema de Haüy, y en los dos cuerpos medios de la sala l .* desde el número L.» hasta el M.° se hallan las piedras y sales compuestas délos óxidos metálicos llamados tierras y álcalis. El nombre de las e s p e cies se encuentra en los rótulos, y cuando estos tienen n ú – roeros , se les ve al lado del ejemplar ó grupo de ejemplares que comprende. El cuerpo bajo de estos armarios contienen la colección de rocas. Las piedras preciosas, ágatas, jaspes Y otros minerales labrados que son objeto de lujo y adorno, están en los armarios señalados con las letras A. B C. Los combustibles no metálicos, por falta de local en la sala 2 . a , se han puesto en el cuerpo bajo del armario B . , escepto el mamante que está en el de las piedras preciosas. Son notables en esta sala el contenido de sus urnas que encierran ejemplares gigantescos de azufre cristalizado, de lluato de de cal, de carbonato y sulfato de la misma base, de barita sulfatada, magníficos granates, cristales de roca, berilos, esmeraldas etciudad Debajo de un imán natural que sostiene (i¿ libras de peso, se ve un fragmento romboédrico de cal c a r bonatada procedente de Guipúzcoa, cuyo tamaño es colosal.

1 armario de las piedras finas contiene ricas esmeraldas, t o pacios, aguas marinas, y otras mil preciosidades entre las que_no puede dejarse de citar el ópalo girasol, que es de t a maño poco común y sirvió en otro tiempo de adorno á un Sran sultán. También en el armario de las ágatas podríamos señalar ejemplares de valor, y por poco inteligente que sea et curioso que examine su contenido, no dejará de fijar l a v i s – a en un ónice de notables dimensiones y de mucho valoren comercio. Por último, sobre la meseta que s e p a r a d cuerpo alto del bajo de la estantería de esta sala se ve g r a n p a r – e de la colección de mármoles, alabastros, pórfidos, serpen- •nas y otras piedras de esta clase, cuyos criaderos se ha- M A D R I D . 841 veria. La serie de hierros, manganesos, antimonios, cobaltos y arsénicos se halla muy bien representada; y como en la sala anterior, los ejemplares de las urnas, que ocupan las mesas del centro, son sorprendentes por todos conceptos. En una dc estas pueden verse varios aereolitos entre los que se encuentra el que hace 8 años cayó cerca de Logroño. En e s ta sala continua y concluye la colección de marmoles , alabastros y otras piedras procedentes de las canteras de la Península. Ademas de la colección pública de que acabamos de hablar, y del depósito de ejemplares que hemos mencionado y debe considerarse conio parte de la misma, nuestro Museo posee otras colecciones de minerales tambien preciosas en su género. Fastas son d o s ; una que podemos llamar de e s t u d i o , y otra de demostración. La primera de estas colecciones está colocada en la misma cátedra de mineralogía , pudiendo considerarse como el comprobante délas e s plicaciones que en a q i e l sitio hace el distinguido profesor Don Donato García. En efecto, este sabio mineralogista e n canecido en la enseñanza, ha comprendido muy bien que en la de las ciencias naturales sirve de poco la teórica sino va acompañada conla demostración conveniente; y ademas que no hallándose en los libros sino esplicaciones mas ó menos especiosas sobre los hechos de la naturaleza, en vano lucharían los talentos mas privilegiados para arrancarla sus s e cretos , si en sus primeros pasos no les señalase una mano práctica , los tipos que en lo sucesivo han de servirles de punto de partida. Para cumplir con este deber de maestro, na colocado dicho profesorla colección á que nos referimos en una estantería de construcción muy cómoda, en la que los alumnos pueden estudiar y examinar á su gusto los o b jetos sin estraerlos del lugar que ocupan. La colección p r i n cipia por los modelos artificiales de sólidos para el estudio de la cristalografía, losinstrumentos y reactivos necesarios para el examen de las propiedades físicas y químicas de los minerales; viene después la serie de las especies exactament e determinada y rotulada, concluyendo con una colección de rocas tipos para el estudio de la geología. La magnitud de los ejemplares de esta colección es muy inferior á la que tienen los de la pública ; en cambio sin ser nada común el número de especies es mucho mayor y su caracterización exacta. La colección que sirve al profesor García para demost r a r en sus lecciones los caracteres de las especies minerales está contenida en unas gavetas de caoba colocadas en él gabinete de la cátedra. Es tambien escogida, muy numerosa en especies y variedades, y muchas de ellas recogidas en los viages que este catedrático ha hecho para estudiar la p a r ta mineralógica de nuestro pais, cuya circunstancia aumenta sin duda su valor. Sino bastase lo dicho para demostrar las riquezas que este Museo encierra en sus colecciones de minerales, podríamos añadir que por órdenes siempre dimanadas del Gobierno ha facilitado en diferentes épocas de sus depósitos á otros establecimientos de enseñanza colecciones nada despreciables; v recientemente acaba de e n t r e gar 34 para otras tantas universidades, i n s t i t u t o s , ó escuelas especiales de a g r i c u l t u r a , arquitectura medicina é ingenieros, lasque difícilmente hubieran podido obtener iguales, si se hubiesen de comprar en el estrangero, á menos de h a ber invertido en ellas sumas considerables.

Zoologia. Si podemos vanaglariarnos de poseer un g a binete mineralógico de primera clase, no sucede lo mismo con el de zoologia que solo puede llamarse naciente, comparándole con los de Berlin, Londres, París y hasta otros de capitales mas subalternas que la nuestra. Vanas han sido las causas de semejante a t r a s o , y entre ellas podemos señalar como principales no solo la naturaleza destructible de los objetos que componen tales colecciones, sino también la poca importancia que en un principio se dio en nuestro Museo á la zoología, hasta et año de L.835 en que fundó una cátedra la Academia de Ciencias de Barcelona, y en el de 4838 en que et Gobierno dotó con dos cátedras al gabinete de Historia nal ural de Madrid. Desde esta época data el movimiento progresivo que han tomado las colecciones zoológicas \ y puede asegurarse que en los últimos años trascurridos se han aumentado algunas hasta el punto de no haber ya sitio pava colocar las ‘especies que faltan para completarlas. Para conseguir este cambio favorable el Museo ha comprado muchos animales, tanto procedentes del estrangero como de la Península ; contribuyendo al mismo fin las dádivas que ha recibido dc varios establecimientos y particulares, entre las que merecen particular mención la del Museo de P a r i s , las del Dr. Clot-Bey, médico de S. A. el Bajá de Egipto, la de 1). Eduardo Gilly , joven marino cn nuestra estación de Filipinas, la de Mr. Cliedufau cónsul español en Alejandría, y la de D. Eduardo Carr e ñ o , que al morir en París legó toda su hermosa colección entomológica al establecimiento en que aprendió á conocer los secretos de la naturaleza.

Anatomía comparada. Esta colección que está colocada en la primera sala entrando al gabinete por la puerta de la d e r . , es de las mas modernas, puesto que antes del año 37 solo existían algunos ejemplares esqueléticos guardados en una pieza de escasas luces, y varios modelos de cera de visceras y músculos de construcción bastante ant.

y de no mucha exactitud. El profesor encargado de esta enseñanza principió por o r d e n a r , según el sistema de sus lecciones, los ejemplares anatómicos que habia en el Mus e o , y fue aumentándolos en términos que en la actualidad ocupan gran parte de la sala referida, mandada establecer á propuesta suya por real orden de 9 de mayo de 4 844. En el dia esta sala contiene una buena serie de e s queletos de animales vertebrados, que se han preparado la mayor parte en el laboratorio del mismo Museo, teniendo el mérito de ser mas exactos y bien ensamblados que los aue se ven en los gabinetes anatómicos estrangeros llama esde luego la atención de los curiosos la actitud y armazón del esqueleto humano; el del murciélago y topo por su delicadez; el del dugong por su r a r e z a , pues hace pocos años solo existían tres ejemplares mas en los museos dc Europa; el del kanguro tan particular por la disposición y forma de sus est realidades; el de la tortuga que se abre y cierra como una caja para facilitar el examen de su organización interior; el de la c u l e b r a , lagarto, rana, besugo y pez de San P e d r o , cuyas multiplicadas piezas están todas ensambladas por medio de alambres sueltos, y no con sus ligamentos naturales, como hacen en el estrangero, cosa que afea y no permite estudiar bien las formas de las superficies articulares. Muchos otros esqueletos podríamos c i t a r , pero en tal c a s o , mas bien que una sucinta noticia del Museo de Madrid , vendría á ser este escrito su catálogo; sin embargo, antes de pasar adelante no podemos menos de hacer mención de los esqueletos de la ballena y cachalote, cuyos gigantescos ejemplares no sc han colocado armados por «la escasa capacidad del local. La colección de piezas modeladas en cera, cartón, piedra, yeso e t c .

es muy escasa, á pesar de que van comprándose algunas á medida que los fondos del establecimiento lo permiten, pues este no tiene artista destinado á semejante clase de t r a b a j o s , como sucede en otros museos estrangeros. No o b s t a n t e , podemos llamar la atención sobre la s e n e de cráneos modelados en y e s o , que representan diferentes variedades de razas humanas, lo mismo que otras que figuran las piezas esqueléticas del Megalonix v Mastodonte las de cera modelos de la miologiá, esplacnología, angiologia, neurología del hombre y del caballo, los órganos de los s e n t i d o s , el aparato genital de las aves y el cuadro del desarrollo del h u e v o , indicando los fenómenos que presenc i a este desde el primer momento de la incubación hasta el del nacimiento del polluelo. También principia á ofrecer piezas curiosas la colección elermato-esquelética, pues aunque reducida a u n , consta de iodos los elementos necesarios para esplicar lo relativo á este sistema tan interesante en el estudio zoográfico. Finalmente, en está sala se ven colocadas en el armario primero tres momias humanas, dos de indios americanos y la otra de un guanche, en el estado de conservación mas» perfecto á pesar de su larguísima fecha.

Colección de mamíferos. Esta colección se ha clasificado y ordenado en el último arreglo, según el método de Cuvier. La mala disposición y poca capacidad de la sala que la contiene, bastante oscura ademas, ha obligado á colocar en la de aves los grandes ejemplares pertenecientes á los órdenes de paquidermos y rumiantes, y á invertir la numeración de los armarios que son de construcción muy antigua y bastante reducidos. Antes del año 38 apenas se veian representados en esta colección todos los órdenes de la clase, y en la actualidad no solo estos se hallan complet o s , sino que lo están las familias y t r i b u s , poseyendo muchísimos géneros aun de los mas raros , entre los que contaremos la mayor parte de marsupiales que proceden de la Occeania , los monotremas, los manatíes e t c .  faltan sin embargo, bastantes especies de queiropteros, rumiantes y cetáceos, bien que estos últimos no suelen ser muy comunes en ningún museo por la dificultad de su adquisición y volumen de su c u e r p o , que en las especies mayores exigiría costosas preparaciones y salas inmensas para contenerlas. En esta colección, como en las demás zoológicas del Museo, cada ejemplar lleva en su peana una tarj e t a que espresa el número del catálogo, el del género, el de la especie, el nombre genérico , el específico y el del pais de donde proceed ; refiriéndose todo esto á los catálogos modernos del establecimiento, en los que está espresado además, si el objeto se adquirió por compra ó donación , en cuyo último caso se indica el nombre del que hizo el regalo.

Colección de aves. Con respecto á esta colección, clasificada según el sistema de Temminek, posee el Museo los tipos de todos los órdenes, familias y t r i b u s ; pero faltan aun muchos géneros, y sobre todo especies. Su aumento ha sido tal de poco tiempo á esta p a r t e , que se ha cuadruplicado el número de ejemplares, tanto por las compras y recolecciones verificadas en el p a i s , como por los regalos hechos al establecimiento de parte de varios naturalistas nacionales y estrangeros. En esta colección atraen desde luego la atención de los curiosos el magestuoso cóndor, el rapaz buitre de los Alpes, el ligero serpentario, las preciosas aves del Paraíso, la rara menura, las pintadastannagras y nectarinas , los brillantes orthorrinchos y epimacos el a r g o s , lophoforo refulgente, anastoma, ibis religiosa , pico de cuchara y de t i j e r a , cisne negro de la Nueva Holanda, aptenodites», y mil otros habitantes del aire que de poco tiempo á estamparte embellecen la galería ornitológica.

La colección dc nidos y huevos es incipiente y aun no merece nombrarse; pero «se espera que eu breve tomará el desarrollo que se observa en las demás.

Colección de reptiles. Esta colección se ha clasificado por la obra herpetológica de Dumeril y Vibron, por estar al nivel de los últimos adelantos de la ciencia. En ella existen tambien los tipos de los cuatro órdenes con sus familias , faltando solo las C e c i l i a s , br.mquiferosj y bastantes géneros cn todos los órdenes; de modo que resulta ser la mas incompleta en el museo de las series de los animales vertebrados. Sin embargo, aun posee algunas cosas notables entre las cuales citaremos el sphargis coriácea, especie de tortuga marina muy grande y r a r a en las colecciones^ varios iguamideos, los géneros chirotes v n e s s i a , un cunectes, el mavor de los c o n o c i d o s en los gabinetes de Europa; otro gran pitón que acaba de regalar Mr. Chedutai, procedente del interior del África, y varias serpientes ven e n o s a s qué en estos ú l t i m o s años han sido remitidas po el doctor Clot-bev De l o s restos fósiles con que la P a l e ° » » tologío demuestra las formas singulares que tenian los i ptiles antidiluvianos, soto posee modelos en y e , s 0 ‘ c u ¿ origínales pertenecen al Museo de P a r í s , llamando la a cion principalmente los del pterodactylus grandis, ictm saurus communis, tenuirostris é intermedius. .

Colección de peces. Está clasificada esta colección . _ gun los principios adoptados por Cuvier y Y « ^ e ° 7 v¿ su magnifica obra icthiológica aun no eoBOCida, por ur¿ motivo en la última p a r t e de la colección solo se ha sePui el orden establecido en el reino animal de fuvier. Únicamente faltan dos familias en toda la s e r i e , pero son muchas las tribus de que carece el Museo é infinitos los géneros y especies. A pesar de e s t o , la citada colección es de mucho valor científico por contener íntegra la que sirvió á nuestro célebre Parra para escribir su icthiologia de las Antillas, obra que es citada con elogio por los estrangeros. Como antiguamente se cuidó mas de t r a e r á nuestro Museo objetos exóticos, que de recolectar los que produce la Península (*), por eso escasean en la colección de que tratamos los peces de nuestras costas y r i o s ; si bien se ha principiado ya á corregir esta falta con una serie escogida de peces del Mediterráneo formada en Barcelona; varios ejemplares recibidos de la costa cantábrica, y otros de los rios y lagos de España. Tambien debemos repetir aquí el nombre del d o c tor Clot-bey, á cuya generosidad se deben preciosas especies del N i l o , que hubiera sido difícil adquirir aun pagándolas á muy crecido precio, Invertebrados. Las colecciones de animales invertebrados están arregladas según el sistema de Lamarck, que es el adoptado por el profesor en sus lecciones. La clase de los moluscos se halla bastante bien representada, y en ella posee el Museo especies y ejemplares raros y preciosos.

Entre estos últimos citaremos los de la meléagrina niaraaritífera, de los cuales uno tiene dos perlas en una valva, v otro una s o l a , pero de tal oriente y tamaño que su valor no baja de 40,000 r s . ; y entre los primeros la cgprea aurora, una de las mas preciosas del género, que sirve de distintivo á los gefes de las t r i b u s de la Nueva Celandia , y Que ha valido hasta 1,000 francos cada ejemplar, si bien eñ dia su precio no es t a n superior; y la scalaria’preciosa regalada al establecimiento por la reina María Luisa, cuyo precio elevado en los ejemplares de cierto tamaño ha llegado á ser de 100 luises. En la serie de los animales articuados se ha mejorado mucho la colección de crustáceos con la compra hecha últimamente en París de bastantes géneros y especies. La colección de insectos no solo se ha aumentado con la compra recien hecha á Mr. D a s t a s , sino que ha adquirido un valor científico de consideración con la que lego al Museo nuestro malogrado Carreño, en la cual se encuentra la de encipteros de Latreille, que por ser autógrafa tiene un valor inapreciable, tanto mas cuanto que este célebre naturalista ha sidD el legislador de la ciencia entomológica ; conservándose en el establecimiento los materiales que le sirvieronparacscribir una buena parte desusceebradas Familias naturales y Genera insectorum. La c o lección de zoófitos del Museo, si bien por una parte está compuesta de ejemplares notables y poco comunes, se debe confesar por otra que fe falta muellísimo para ser completa.

Es cierto que los animales de este dilatado grupo ofrecen mil dificultades para poderlos conservar, y que acaso »o exista una colección que contenga todas fas especies conocidas; pero muchas mas podrían haberse recogido para a nuestra si el establecimiento tuviese corresponsales c e losos en algunos de los p u e r t o s de la Península y posesiones ultramarinas.

Colección paleontológica. La estrechez de la sala destinada á la colección de los r e s t o s orgánicos antidiluvianos, Y ‘a mala construcción de los armarios que la contienen, no han permitido colocar y ofrecer á la vista del público todas las riquezas que en este género posee nuestro Museo. En la actualidad solo se ven algunos huesos de mamíferos de gran magnitud, varios restos de p e c e s , crustáceos, moluscos v zoófitos fósiles, y algunos fragmentos de lignitos, hojas dc heléchos y otras» producciones vegetales en el mismo e s t a do; mas el dia que permitiéndolo la capacidad del gabinete Puedan estenderse ordenadamente todos los materiales que para dicha colección se tienen reunidos en los depósitos oel Museo, puede asegurarse que no será de las menos importantes ni de las mas escasas. Entre tanto ni sitio hay para colocar debidamente la enorme defensa de elefante y otros restos esqueléticos del mismo animal desenterrados» en los aluviones de San Isidro del Campo el dia 24 de diciembre I ^846 por el profesor Gradls y sus discípulos. A pesar del l amentable estado en que la angostura del local tiene redu cida á la colección de fósiles, la sala en que está colocada es una de las mas concurridas por los naturalistas estrangeros, y con especialidad por los ingleses apasionados á la paleontología, que la visitan con tanto interés v respeto como los mahometanos á su Meca, por contener el singular esqueleto del megaterio, cuyo único ejemplar casi completo da un valor y nombradla especial al museo de Madrid.

En efecto, el megaterio merece grande atención, ya sea considerado por su interés científico ya por el que su m o delación puede producir al Museo. Penetrado de esto el profesor Graells, hace tres años corrigió en lo posible los defectos que se cometieron al armar por primera vez el e s queleto del megaterio; lamentándose dé que estos hayan sido causa de graves é involuntarios errores cometidos en las descripciones que autores de nota hau publicado sobre este ser antidiluviano.

BIBLIOTECA DEL DUQUE DE OSUNA (HISTORIA DE MADRID)

(calle de Leganitos núm 54). fSe empezó á formar lentamente por adquisiciones de los duques de e s t e nombre, y tomó su principal i n cremento de los muchos y buenos libros que compró el Sr. D. Pedro Tellez Girón, IX duque de Osuna, abuelo del actual poseedor. La enriqueció tambien con libros impresos y manuscritos, y señaló* una dotación anual para su conservación y aumeuto, el malogrado Sr. D. Pedro Alcántara Tellez Girón, XI duque de Osuna , cuyo noble ejemplo sigue su ilustre hermano ü . Mariano. Fue pública antes de 1808 , y consta de unos 25,000 volúmenes sin contar los manuscritos.

MUSEOS. Vamos á ocuparnos de estos establecimientos, que tanto servicio prestan á Jas ciencias y á las artes, como honra dan á las naciones que los poseen, y sentimos no poder hacer un minucioso detalle de las riquezas que encierran tampoco nos es posible determinar el número de galerías de pinturas que se encuentran en casas particulares.

BIBLIOTECA DEL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES (HISTORIA DE MADRID)

Por falta de local esta biblioteca se halla distribuida en el edificio del Jardin Botánico (paseo del Prado), y en el del Gabinet e de Historia Natural (calle de Alcalá, núm. 19). En el p r i mero se han colocado la mayor parte de libros relativos á la ciencia de las plantas; siendo muy notable esta sección de nuestra librería por las escelentes y costosas obras, muchas de ellas iconográficas y en gran número pertenecient e s al siglo pasado; bien que en estos últimos años se han adquirido algunas de las modernas mas necesarias al e s t u dio descriptivo general y al peculiar de las plantas españolas.

Es igualmente adquisición reciente la libreria del difunto profesor de agricultura D. Antonio Sandalio de Arias que el Gobierno ha comprado á su viuda para aumentar nuestra biblioteca de Historia Natural. La parte de ésta d e positada en el Gabinete, se compone de obras de química, física, mineralogía, geología, zoologia, botánica y no p o cos volúmenes relativos á otras materias bien distintas. Como en la sección depositada en el Jardin , sucede aquí que la mayor parte de las obras son antiguas , pero por lo r e gular selectas y de bastante coste. Para el servicio de las cátedras y tareas prácticas de clasificación, se han comprado modernamente varios tratados descriptivos que por su escesivo precio no están al alcance de las facultades de los discípulos, tales son la Iconografía de Geoffroy Saint H i l a i r e , l a s de las aves de Temminke,la d é l a s aves de África de Levaillant, la del reino animal de Cuvier por Guerin , la de los peces de Cuvier y Valenciennes , el viage al polo Sud y á la Occeania de Duihont ü’Urville , la parte malacológica de la Historia Natural de la Argelia, laHerpetologia de Dumeril y Vibron, la Sinomimia insectorum de Schornher y varias otras , que j u n t o con las láminas zoológicas de Aquiles-Comte , que nos trajo de Paris para el mismo servicio el aprecíame y entendido director general de Instrucción pública D. Antonio Gil de Zarate, queda bastante cubierta la falta que hace ocho años imposibilitaba casi la enseñanza práctica de la zoologia en el museo.

BIBLIOTECA DE SAN ISIDRO (HISTORIA DE MADRID)

‘calle de Toledo, núm. 18 .

Ya hemos indicado que esta biblioteca es uno de los e s t a blecimientos debidos á Carlos III no satisfecho este monarca con el restablecimiento de los Estudios de San Isidro, de que hemos hablado, creó esta biblioteca por real decreto de 19 de enero de 1770, mandando pasar á ella las obras que existían en los conv. de jesuítas que acababan de estinguirse por otro decreto de L.» da enero de 1786 la concedió el privilegio de un ejemplar de todas las obras que s e publicasen ó reimprimiesen en el r e i n o , consignándola Para compra de libros estrangeros y nacionales ya publicados^, así como para encuademaciones y demás gastos 43,738 r s . sobre los fondos de los mencionados estudios.

En un principio estaba servida por 2 biblotecarios, tenien- 8 3 9 i do el primero á su cargo la cátedra de historia literaria; p e ro esta plantilla se varió á la muerte del bibliotecario m a yor Dori Miguel de Manuel, quedando suprimida la indicada cátedra cn 1802, y creándose un bibliotecario y 4 oficiales . en cuyo estado ha permanecido hasta su incorporación á la Universidad literaria en L.° de noviembre de 1845.

Formada esta biblioteca de los libros que contenían las de los jesuitas , y aumentada con los nuevos que se publicaban cn España y con la compra de obras nacionales y e s t r a n geras , llegó á ser una de las primeras del reino contenia en mucho número Biblias de gran mérito , colecciones do los Santos Padres, obras teológicas y canónicas , colecciones de leyes y sus comentarios , y crónicas de Medicina y Cirujia tenia obras preciosas , especialmente españolas; pero sobre 400 volúmenes pasaron en 1802 á la biblioteca mandada establecer en el Colegio de San Carlos. Adquirió tambien una rica colección de clasicos griegos y latinos y muchas obras de literatura ; hav en gran número obras del siglo XVI y varias del siglo XV ; entre ellas se hallan las Queestiones et quod libela de Sto. Tomas , impresas en Venecia año de 1476; la Exposición del mismo Santo sobre el libro de las Sentencias , Venecia 1478 ; el Suplementum ad siunmam tisanellam , Genova 1474; la Esposicion de Sto.

Tomás sobre los Cuatro Evangelios, Venecia 1486 ; los libros de las etimologías , y el de Summo bono de San Isidro , Venecia 1483 ; el Boecio de Consolatinnc con los c o mentarios de Santo Tomás, Nuremberg 1483; la misma obra traducida al castellano por Fr. Antonio Gínebreda, Tolosa de Francia 1488 las Tablas Astronómicas del rey Don Alonso el Sabio, Venecia 1492; Diccionario universal latino y español, compuesto por Alfonso de Palencia, de orden dé la reina Doña Isabel la Católica, Sevilla 4490 , y otros muchos impresos en fines del siglo XV v principios del XVL. El bibliotecario Don Cándido Maria Trigueros c e dió á esta biblioteca un magnífico monetario, que fue t r a s ladado en v i r t ud de orden superior á la Nacional. Poseia, en fin, una preciosa colección de manuscritos, de los cuales se formó un catálogo que existía siendo bibliotecario D. Pedro de Estala en el año de 4 807 y siguientes hasta el 4813, cuyo catálogo fue impreso en Gottinga; mas cómo y quién facilitase el original para la impresión , no ha podido a v e – iiguarse. Hallándose la biblioteca en el mejor estado y c a minando á su perfección, sobrevino la guerra d é l a Independencia, en cuyo tiempo careció de fondos con que atender á la compra y conservación de libros, y cuando aquella terminó, fue ehlregada, como se ha dicho fueron los e s tudios , á los PP. jesuitas. Desde esta época empezó su d e cadencia, pues la abandonaron después de llevárselos manuscritos y obras que mas les acomodaron á la que ellos, llamaban biblioteca doméstica; y aun cuando en 1821, suprimida la Compañía de Jesus , se restablecieron los Estudios de San Isidro, nada pudo conseguir el celoso director que lo era el Sr. González Carvajal, á causa de los disturbios que dieron por resultado la reacción de 1823 con ella volvieron los jesuitas , quienes sustituyeron á los oficíales por medio de coadjutores, cuya crasa ignorancia la patentizan las papeletas de algunos libros, las que se conservan autógrafas. Suprimidos definitivamente los jesuitas en 1835 y con ellos el privilegio que gozaba la biblioteca, del ejemplar de los impresos que sé publicaran en el r e i n o , nada pudo esta adelantar, mucho menos disponiéndose como se dispuso, que pasase á la de las Cortes la librería doméstica, que hemos dicho formaron aquellos religiosos. Es cierto que se acordó suprimir la biblioteca de las Cortes, pero también lo es que se determinó quedasen allí las obras y papel que se estimasen convenientes , y por consecuencia no volvieron á la de San Isidro lodos los libros quede ella s a lieron ademas. desde 1835 basta el L.a de noviembre de 1841 no ha tenido fondos con que atender ni aun á su conservación.

En esta última fecha se la incorporó á la Universidad, y se la designó 6,000 reales anuales para gastos de compra, encuademación v limpieza de libros , para esteras y carbón, de manera (pie á fuerza de grandes economías ha podido adquirir desde entonces unos 300 volúmenes de obras modernas de la mavor celebridad en ciencias n a t u rales , lisico-matemáticas V filosóficas de que absolutamente carecía el total de volúmenes de que constaba en la c i tada época de 1845 e ra de 66,000, ordenada desde su creacion según el plan del P. D. Oliver Legipont, monge benedictino , que es el mejor método conocido hasta el dia.

BIBLIOTECA NACIONAL (HISTORIA DE MADRID)

(plaza de Oriente , núm. 4.) Es debida á Felipe Y, quien no solo dispuso la creación de este establecimiento , sino que mandó reunir la librería que h a bia traído de Francia y los libros que se conservaban en la llamada Biblioteca de la Reina Madre que se hallaban en el antiguo Alcázar de esta corte. Estos libros fueron la base de la biblioteca fundada en 1711 cerca del Palacio Real en la calle del Tesoro frente al sitio que hoy ocupa el mismo Felipe V sufragó los gastos de la denorninada entonces Beal Librería , la cual puso bajo la dirección de su confesor el padre Pedro Robinet, y se abrió al público en marzo de 1712. Por real orden de 1716 la concedió el monarca el privilegio de obtener un ejemplar de cada impresión que se hiciera en el reino; le d i o constituciones y la declaró la primacía, ó derecho de t a n t e o , en las ventas de libros, manuscritos , estampas y medallas, con cuvas regalías se fue acrecentando así como con la librería del arzob. de Yalencia, en marzo de 1712 ; con las del cardenal Arquínto , comprada en Roma de orden de Carlos III; ia de D. Ignacio Muzquiz en el reinado de Carlos IV, la del diputado Navarro en 1823 y otras entre las que pueden contarse parte de las dc los monasterios v conventos suprimidos en Madrid en 1835 v finalmente la secuestrada al infante D. Sebastian; con estas adquisiciones cuenta hoy con un caudal de 130,000 volúmenes , sin el crecido número de los pertenecientes a las estinguidas comunidades , y que por ser duplicados no deben colocarse, mucho mas cuando el local no tiene capacidad ni aun para colocar cómodamente los objetos que encierra. Desde su origen estuvo situada en la mencionada calle del Tesoro, hasta q u e , por orden de José Napoleón, fecha 17 de agosto de 1809, y á consecuencia del derribo de todas las casas que ocupaban lo que hoy es plazuela de Oriente , pasó la biblioteca al convento de la Trinidad; v e rificóse la traslación con t a n t a premura como desorden , y fue tal el abandono en que se halló el establecimiento durante la dominación francesa, que muchos Se los libros se consumieron en la elaborcion de cariuchos, y se rompieron los índices ó clave de que usaban los dependientes para el servicio público. Restituido Fernando VII al trono que ocuparon sus mayores, y restablecidos los frailes, pidieron los trinitarios y consiguieron en 1819 que la biblioteca sc t r a s ladase , lo que tuvo efecto por real orden de 26 de marzo, á la casa del Almirantazgo, conocida ahora por la de los Min i s t e r i o s , donde permaneció, hasta que dispuesto por el el citado monarca la compra de la casa que ocupa hoy; pasó á ella cn 11 de junio de 1826. Fste edificio , perteneciente al Real Patrimonio, solo consta de piso bajo , entresuelo y principal con boardillas; aunque reducido para lo que de suyo exige el establecimiento, se halla con bastante decoro y decencia-, las t r e s salas destinadas á la lectura , el índice general, despacho del bibliotecario mayor y piezas supletorias . ocupan el piso principal en el entresuelo, cuyos t e chos son t an elevados como los del principal, están colocados el museo de medallas , de que luego hablaremos, la c o lección de antigüedades, secciones de manuscritos, libros del primer siglo de la imprenta y otros objetos no menos curiosos ; el piso bajo le habitan los porteros y en los venteados y espaciosos sótanos, que se encuentran á la parte N. ^ están colocados los libros que no pueden tener cabida en él piso principal. La biblioteca perteneció en su origen á la casa real, y se la consideró del patrimonio hasta el año de 1812 , desdé cuya época siempre que ha regido el s i s t e ma constitucional, ha sido separada de aquel, habiendo quedado definitivamente en 1836 como establecimiento de la nación. Ya dijimos que el primer encargado de ella lo fue el jesuíta Robinet confesor de Felipe V, réstanos añadir que continuó bajo la dirección de los PP. jesuítas confesores del monarca, hasta el año de 1753, en que fue nombrado director el arzob. de Farsalia é inquisidor general 1). Manuel Quintana üonifaz; en lo sucesivo el gefe de la biblioteca se denomina bibliotecario mayor, si bien el Sr.D. Martin de los Heroes sirvió este destinó desde 18J-0 al 4 3 , bajo el título de director. Por la última plantilla el personal se compone de un director bibliotecario mayor que lo es el ilustrado D. Manuel Bretón de los Herreros , un decano, 7 bibliotecarios , 42 oficiales, un escribiente, 2 celadores, dos porteros, dos mozos de oficio y un portero inferior. El e s tablecimiento está abierto para el público desde las 10 de mañana hasta las 3 de la tarde todos los días escepto los domingos y festividades solemnes y los dias de estero y desestero que son desde el 15 de octubre al 2 de noviembre y desde el 15 de mayo al 1 ° dé junio-, cn estas dos temporadas se atiende también a l a limpieza de estantes y libros; pero estas operaciones se hacen de acuerdo con la biblioteeade San Isidro . para que esta pueda suplir la falta que en otro caso esperimentaria el público si ambas se cerrasen en un mismo dia las reglas que han de observarse para entrar V salir , así como en el tiempo que se esté en las salas de lectura, se hallan anotadas un cuadro fijado en la portería

ARCHIVO DEL CONSEJO REAL (HISTORIA DE MADRID)

(plazuela de los Consejos núm. 127). Ocupa el mismo local que antes tenia el dei estinauido Consejo de Indias fue cedido al Consejo Real por el Ministerio de Estado, á cuyo cargo se hallaba desde, la estincion del Consejo Real de España é Indias en 4836 por real orden de 14 de julio de 1847. Se creó este archivo en 1760, nombrándose en esta época el primer archivero del Consejo de Indias ; por consecuencia no hubo archivo de Indias propiamente dicho hasta esta época, pues los papeles se conservaban hasta ella en cada una de sus dependencias, que eran la secretaría de la Presidencia, la secretaria del P e r ú , la de Nueva España, y las contadurías generales de Indias, al cuidado del último de sus oficiales, que se titulaba oficial archivero. Se conservan en este archivo los papeles de nuestras ant. posesiones de Amerita é Indias desde principios del presente siglo, y algunos del siglo anterior que pudieron quedarse olvidados al tiempo de hacer la última remesa en 1829 al general de Sevilla, ó sirviendo de antecedentes á espedientes que estuvieran despachándose en aquella ocasión; una gran parte ó qui/.á todos los de la presidencia del Consejo de Hacienda desde 1801 , y el protocolo de las escrituras de retroventa, otorgadas entre los oficiales mayores de la secretaría de la misma, auque incompleto; la mayor parte de los que debia tener la Junta de comercio y moneda, dependiente del mismo Consejo, y solo correspondiente al presente siglo; los de otra junta llamada de Incorporación de bienes enagenados de la Corona, entre los que se encuentran muchos legajos de títulos de aquellos, que pertenecieron en lo ant. á villas grandes y particulares ; algunos de la junta que existió para alivio»de las desgracias ocasionadas por el terremoto de Orihuela y Huerta de Murcia ; muy pocos de otra junta que entendió en la pacificación de las Américas; los papeles del Consejo Real de España é Indias , que cesó en 4836 , y los del actual Consejo Real. Como documentos de valor histórico se hallan, aunque quizá indebidamente, las copias auténticas del testamento y codicilo de la reina Doña Isabel la Católica, las aclaratorias de las Cortes de Toledo de 1480 , y varias bulas pontificias importantes

ARCHIVO DEL REGISTRO DEL SELLO REAL (HISTORIA DE MADRID)

(calle de? Silva núm. 14). Se fundó á últimos del siglo XVII, sin que haya tenido hasta ahora ninguna vicisitud notable. Los d o cumentos que comprende no ascienden mas allá del primero de enero de 1690, habiéndose mandado los anteriores al archivo general de Simancas en el que ocupan variaspiezas de este vasto establecimiento. Los que se conservan en Madrid están clasificados y ordenados en los e s tantes por legajos mensuales , y se»refieren á las espediciones de justicia y gobierno de los ant. consejos supremos de Castilla, de la Cámara, de Hacienda, sala de Alcaldes, Juntas supremas del Real Patrimonio, de Correos, de Apelaciones , de Competencias , Dirección de Instrucción pública etciudad e t c .  tambien se conservan en la Cancillería del Sello Real los registros procedentes del Ministerio de Gracia y Justicia, Tribunal Supremo del mismo ramo, Consejo de Estado, Tribunal Mayor de Cuentas, parte de los de Instrucción pública y otros de las épocas constitucionales.

El personal de e»te archivo se compone de un canciller mayor, un teniente canciller mayor y un oficial mayor h a bilitado para el despacho de la Cancillería

ARCHIVO DEL MINISTERIO DE MARINA (HISTORIA DE MADRID)

(casa de los Ministerios, plazuela de su nombre). Los papeles que en él existen traen su primera fecha desde L.° de enero de 1784, pues los pertenecientes á épocas anteriores se trasladaron al archivo general de Simancas, con arreglo á lo dispuesto en real órdén de 19 de junio de 1826 la mayor antigüedad de los papeles trasladadados alcanzaba en uno de los negociados al a ño 4633, v en los de los demás á los años desde 4710 á 4726; mas la época regular de aquella se contaba en el archivo desde 4.° de enero de 4735 , porque habiendo ocurrido en 24 de diciembre de 4734 el incendio del Alcázar de Madrid, donde se hallaban entonces las secretarías del Despacho y sus archivos, si habia algunos legajos de papeles de los años anteriores á este suceso, eran solo los que pudieron salvarse de é l , según consta en un reglamento formado en 1770 para el mejor orden y arreglo del a r c h i vo de que se t r a t a . Los espedientes y «papeles que comprende se refieren en general á las materias siguientes a r senales y sus individuos, ingenieros y constructores , a r mamentos para todos mares, oficiales de guerra de marina, guardias marinas y sus colegios, artillería de marina y s us fábricas, consignaciones y presupuestos , cuerpo administrativo de la armada , matrículas de mar , sus comandancias y juzgado , navegación mercantil, capitanías de p u e r t o , materias científicas , pilotos y j u r i d . castrense. El p e r sonal de este archivo se componene de un archivero dos oficiales y el correspondiente núm. de escribientes.

ARCHIVO DEL MINISTERIO DE GUERRA (HISTORIA DE MADRID)

(Sto. Tomás, calle de Atocha, número 4). No es de época muy remota la creación de este archivo; pues existiendo aun en el siglo XVII una sola secretaría que abrazaba el despacho universal de todos los negocios del Estado, no se conocía la necesidad de un local independiente y destinado solo á la conservación de los documentos relativos á la guerra.

Pero en tiempo de Felipe V, y por decreto de 11 de julio de 1705, aquella secretaría se dividió en d o s ; la una que debía abrazar todo lo perteneciente á Guerra y Hacienda, y la otra todos los demás ramos. Fácilmente se comprende ue después de esta disposición todavía iban involucrados os negociados que no guardaban entre sí ninguna relación, hasta que por otro real decreto de 30 de noviembre de 4714 se dio una nueva planta á las secretarías del Despacho , se estableció un Consejo de Gabinete, y se crearon varias s e c r e t a r í a s , entre las que figura una para todos los negocios de Guerra deeste tiempo data sin dúdala formación desu archivo. Según la aclaración dada en 1 . u de diciembre de de dicho a ñ o , pertenecía á este departamento la correspondencia con los oficiales generales, cuerpos de casa del rey, inspectores, intendentes y otros; la regularidad de las revistas en cada mes, lo relativo á la l e v a , reclutas, reformas de las t r o p a s , emplazamientos de almacenes de víveres, con otras muchas cosas que seria difuso enumerar.

El personal de esta secretaría se componía entonces del secretario del Despacho con el sueldo de 0,000 escudos, de 6 oficiales, 2 porteros y 1 barrendero. Para los gastos de la secretaría en lo relativo á c e r a , leña , carbón, t i n t a , papel y demás, se señalaron 2,500 escudos, que con los sueldos del personal ascendían á 33 escudos. Por real orden de 28 de abril de 1715 se mandó suprimir la secretaria del Despacho de Indias y Marina; y que sus negocios se repartiesen en las t r e s secretarías de J u s t i c i a , Hacienda y Guerra, debiendo agregarse á esta última todo lo p e r t e neciente á la marina española. En tiempo de Fernando VI por decreto de 24 de mayo de 1735 se hizo una estensa y minuciosa declaración de los negocios que debian correr por la secretaría de Guerra «para que las demás secretarías no toquen en los de vuestra inspección, ni vos en los pertenecientes á la suya» (son palabras testuales); y en su consecuencia se declaraba, que por el departamento de Guerra debian correr los asuntos militares que diesen motivo á la correspondencia con los gefes superiores; todo lo que haga relación á la conservación, aumento y disminución de tropas de la Real Casa y ejército; la artillería en todas sus p a r t e s ; la formación «y cuerpo de ingenieros, academias y escuelas de ambos ramos; los estados mayores de plazas ; todo lo perteneciente á reclutas, levas e t c . ; la concesión de mercedes por servicios de la g u e r r a ; los decretos respectivos á las encomiendas de las Ordenes Militares , con otros negocios análogos al objeto. Otras reformas secundarias se han hecho en este Ministerio en tiempos posteriores; pe-o ninguna ha afectado á su esencia, de modo que los papeles que se custodian en su archivo abrazan y comprenden los negociados que antes hemos men-cionado. Dos vicisitudes notables ha sufrido este archivo; la primera en 1808, á consecuencia de la invasión francesa, en cuyo año salieron en dispersión los oficiales de la secret a r í a , que se reunieron luego en Sevilla, con lo cual se estraviaron y aun faltaron algunos documentos importantes de aquel la segunda fue con motivo del incendio de la casa de los Ministerios, ocurrido en la noche del 29 al 30 de noviembre de 1846, que devoró la gran porción de los papeles de este archivo, que con la secretaría, ocupaba la parte del edificio que fue presa de las llamas. De resultas de esta catástrofe se traslado al convento de Sto. Tomás, donde aun reside provisionalmente hasta su definitiva traslación á Buenavista, que debe hacerse muy pronto, para que de esta manera se halle en el mismo local que la s e cretaría de la Guerra. Después del mencionado incendio se ha trabajado con ahinco para rehacer y completar este archivo en cuanto fuera dable con este objeto se han r e clamado muchos documentos que se habian remitido á S i mancas, y se han sacado tambien preciosos datos del a r chivo del Tribunal Mayor de Cuentas, y algunos del S u premo de Guerra y Marina. El personal de esta dependencia, según la última plantilla de 16 de diciembre de 1834, se compone de 1 archivero, 3 oficiales, 2 agregados, de los que uno ha de ser de artillería y el otro dé ingenieros, y 4 escribientes.

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