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MUSEO NACIONAL (HISTORIA DE MADRID)

El proyecto de formar en Madrid un Museo central, en el que se viesen reunidas las obras de los muchos profesores, celebres que España ha producido, era un pensamiento feliz que por desgracia no llegó á realizarse; aunque no hubiera sido difícil por el considerable número de cuadros que existían en los conventos á c u v a sombra, preciso es confesarlo, se formaron los artistas. Varios hay muy apreciables que no tienen cuadros ni en el Museo del del Prado ni en e s t e , limitándonos á citar al cartujo Diego de Leyva, autor escasamente conocido y cuyas pinturas «ricas de invención como dice el gran crítico Don Antonio Ponz, y de hermoso colorido» pudieran colocarse entre las mejores que se conocen de la escuela española , como lo prueban las que se conservan en Burgos. Los inteligentes deseaban que no solo se hubiesen clasificado los cuadros del Museo nacional por escuelas, sino tambien atendiendo á que se marcase la historia del arte. Pudo en nuestro concepto h a berse hecho todo esto sin despojar á varias capitales de p r o vincia de sus museos particulares, puesto que eran tantas las Pinturas que encerraban los conventos, que para todo habia.

Mas lejos de formarse el verdadero Museo Nacional, han d e saparecido en todas partes no pocas pinturas , y en este Museo llegaron á reunirse unos 900 cuadros, procedentes de los conventos de la provincia á los que se agregó la bella colección de Don Sebastian Gabriel de Borbon. Por real orden de 3′ de diciembre de 1837 se destinó el edificio que fue convento déla Trinidad para depositar en él los objetos artísticos, jjue la j u n t a de profesores creada en 13 dc enero de 1836, h a bía reunido dc los conventos suprimidos quedando instalado el nuevo Museo en 24 de julio de 1838. Muchas reformas sufrió posteriormente el establecimiento, habiendo estado cerrado largo tiempo, durante el cual se practicaron varias obras, entre lasque se cuenta el haber dado luces al claustro alto abriendo lucernas en las bóvedas para utilizar las p a r e – oes que dan al suntuoso patio. Se formaron igualmente varias salas v se abrió al público el Museo semanalmente habiéndose celebrado en el magnífico salón, formado con el cañón de l a grandiosa iglesia la esposicion de pinturas en 1847 según nemos referido. Corta ha sido ciertamente la duración de e s t e notable Museo que se halla al presente sin local, pues el que ocupaba se ha destinado pata el Ministerio de Comercio Instrucción y Obras públicas. Habiéndose tratado de trasladarlo al Museo del P r a d o , se han hallado obstáculos insuperables, (siendo uno dc ellos la falta de espacio) de manera que el Museo Nacional, sino hay una mano benéfica que atienda ala conservación de las presiosidades que encierra; quedará oscurecido sin ser útil al público. Antes de pasar á oar una e x a c t a , si bien sucinta noticia de los cuadros y e s culturas, que mas de una vez hemos tenido el gusto de e x a minar, permítasenos hacer una digresión para espresar que l a comisión de profesores, que en un principio tuvo á su cargo este Museo, cesó en 18 de abril de 1843, habiéndose nombrado un director, cargo que desempeñaron sin sueldo primero el Señor Don Joaquín Iñigo, y después el Señor Don Javier de Quinto. Para los gastos así del personal como o r dinarios y estraordinarios señalaron las Cortes 95,200 r s . en 1842. Entre los cuadros de este Museo, se distinguen 2 magníficos de Zurbaran; un r e t r a t o de Don Juan de Austria y otro de la infanta Doña Margarita; de Velazquez; un bellísimo pais de Claudio de Lorena ; San Francisco de Paula y el retrato de un general de Ribera; llamado el Españoleto; Sant a Maria Egipciaca, de R i e c i ; San Francisco y San Antonio, de Coello; San Fernando de medio cuerpo, de Murillo, la famosa pintura del mismo autor que espresa la concesión del jubileo déla Porciuncula; varios bodegones, de Melendez, el desendimiento, de Juanes; San Bernardo y Nuestra Señora con el niño, de Cano; de quien es tambien el retrato de un fraile; un desendimiento y una Magdalena, de P e r e d a , San Sebastian, de Sebastian Muñoz; la Asunción, del Greco; un alquimista de Teniers; un Sansón, de Bubens; la muger adúltera, de Ticiano; retrato de Carlos I I , de Carreño; una transfiguración pequeña, dejulio Romano que sirvió de p u e r ta; el de Sebastian Muñoz q .e estuvo en el Carmen calzado, y representa de cuerpo presente á Doña Luisa de Orleans, esposado Carlos II con una medalla en la p a r t e superior q ue contiene el retrato de la misma señora, y por ultimóla célebre transfiguración de Julio Romano, que perteneció á las monjas de Santa Teresa, en cuyo retablo mayor existió hace pocos años.

Los principales cuadros de este Museo, ademas de los referidos según la noticia que nos remitió á principios de •1844 el Señor Quinto, consisten en la colección completa de los medios puntos de Vicente Carducho, que r e p r e s e n t an la vida de San Bruno y martirios de religiosos de su orden, se pintaron para la cartuja del Paular, en otras muchas p r o ducciones de este mismo autor, y en varios y muy notables cuadros de los célebres pintores españoles , J o s é u e Ribera, Murillo, Zurbaran, Alonso Cano, los dos H e r r e r a s , Correa, Juan de J u a n e s , Pantoja de la Cruz, Becerra, Mayno , G i – r a l t e , Carreño, los dos Rizzi, Camilo , Pareja, Tristan, R ¡ – b a l t a , Antolinez, Escalante, Ziezar, Miranda,Orrente,Salmerón , Pedro Atanasio, Sebastian Muñoz, Antonio del Castillo, Pereda , Zerezo, Alonso del A r c o , Leornardo, Palomino, Bartolomé Boman, Lanclarcs, Eugenio Caxes, los dosCoellos, Sánchez Cotan, Castillo, Saávedra, Arellano, Valdes, Mateos, Eugenio Orozco, Menendez, Diaz Moran, (ionzalez. Donoso, Carbajal, Arias, S o l i s , J u a n Bautista Ribera, Romero , Blas Muñoz , Rodriguez , López Blanco, Ignacio Buiz, Parla , Bargas, Garcia , Dionisio Alfaro , M e n a s , Bayeu, Goya, Ponz Camarón, Zacarias Velazquez, y diferentes otros de los artistas estrangeros Julio Romano, Ticiano, Palma, Alberto Durero, Lucas de Holanda, Volterre , el Giiercino , Rubens, Vandich , Andrés Pauli, Gerardo Lanotte , Tiépolo, el Greco, Martin de Voss, Angelo Nardi, ü i p i , Suiders, Banden, Teniers, Ranspe , Pietro Tempestas , Bandepere, Verbeck, Crayer, Bayeu, Jordán y otros no menos distinguidos profesores.

Entre las obras de escultura sobresalen una Magdalena atribuida á Alonso Cano, un San Francisco do Regis difunto de Cornachini y un San Francisco de Asis, de Agreda.

MUSEO REAL (HISTORIA DE MADRID)

ñ u s c o R e a l (paseo del Prado). El amor á la g l o r 1 ^ .^ sus dominios y al lustre v esplendor de las bellas artes nrzu concebir al gran Carlos Hl el provecto de adornar el Dciiu paseo del Prado, conocido por el de San Gerónimo nasi 1768, con un suntuoso y magnífico Museo de Ciencias na Urales, que se puso en ejecución bajo la dirección oe b arquitecto mavor el célebre Villanueva. Esta obra se conu nuó en el reinado de Carlos IV ; pero la guerra de la Independencia impidió su.conclusion. Su capacidad y situación convenientes al enemigo para objetos bien distintos de su instituto é incompatibles con la conservación de sus bellezas, ocasionaron multitud de deterioros en su fáb., que se completaron con la sustracción de todo el emplomado. Descubierto y abandonado á la inclemencia durante los años de la dominación francesa, reconcentrándose en sus bóvedas todas las lluvias, arruinaron la mayor parte de ellas en todas sus alturas y se preparó igual suerte á las pocas r e s tantes, como indudablemente hubiera sucedido, á no ser por la generosa protección del rey Fernando VII, que acometió la grandiosa empresa de reparar sus r u i n a s , calculada en 7 millones dc r s . , señalando al efecto de su bolsillo secreto 24,000 reales mensuales, que satisfizo puntualmente aun en medio de las escaseces ae la Real Casa, con mas otras sumas cuantiosas de la misma procedencia que sin intermisión regaló y se invirtieron en los cubiertos v construcción de bóvedas derruidas. Doña Maria Isabel de Braganza contribuvó tambien á este feliz pensamiento, afirmándole en el animo de su esposo y desprendiéndose para su inversión e n l a obra, de la pensión que por razón de alfileres tenia consignada sobre la renta de Correos. Reedificado en alguna parte el edificio , se empezó á poner en ejecución la idea dominante de establecer en él un museo real de Pintura y Escultura, y á este efecto se pasaron de palacios y posesiones reales cuantos cuadros, estatuas y objetos de bellas artes fueron reconocidos útiles y demérito por una comision de algunos de sus pintores y escultores de cámara. Este es el origen del Museo formado con cuadros y objetos de escultura pertenecientes al Real Patrimonio , depositados en un edificio, reedificado casi en su t o – talidad, como se ha d i c h o , con sumas del bolsillo secreto de] r e y , en tiempo del padre de nuestra augusta reina. Esta señora ha gastado tambien cantidades considerables en h a bilitar salas nuevas y cn diferentes mejoras, t a n t o durante las tutelas de la reina madre y del Sr. D. Agustin Arguelles , como desde que fue declarada mayor de e d a d , teniendo enla actualidad empezada la obra de conclusión del edificio por la fachada del E . , en virtud de real orden comunicada por el Sr. marqués de Miraflores, á los pocos dias de haber sido nombrado gobernador de Palacio. Los b e neficios que resultaron de poner á la vista todas las preciosidades artística0 de que era dueño Fernando VII, no pueden desconoceré. Esparcidos los cuadros , estatuas y demás objetos por los reales palacios y muchos de ellos colocados en piezas donde no pudiendo disfrutar de su vista, se desconocía el mérito superior de la mayor parte, nos privaba de modelos sublimes y de esta falta se resentían las artes en nuestro suelo para sus adelantos , que son siempre compañeros de la civilización de las naciones. En la actualidad se franquea la entrada al público 2 veces á la semana, y en los dias restantes acuden los jóvenes artistas á copiar las obras maestras que han de formarlos, dirigiendo sus pasos por el verdadero camino del saber.

Este edificio en su planta rectilínea, compuesta en su centro de un paralelógramo de 378 pies de largo por 74 de ancho, termina en sus estremos con otros 2 cuerpos de planta cuadrada de 131 pies de l a d o , y sus centros hacen línea con el del paralelógramo principal, componiendo un todo de 680 pies su linea principal y la opuesta. Del medio de e s t a , formando ángulo recto , p a r t e un salón paralelógramo , que termina semicircularmente, de 66 pies de ancho por 86 de lar

DEPOSITO DE LA GUERRA (HISTORIA DE MADRID)

(calle del Conde-Duque, número 9). Organizado por los años de 1816, estaba entonces á cargo de varios gefes y oficiales de las diferentes armas, y radicaba en el Ministerio de la Guerra, hasta que creado en 1838 el cuerpo de E. M. del e j é r c i t o , S. M. se dignó ordenar, que e s le nuevo instituto se encargase de todos cuantos antecedentes planos y efectos componían el depósito.

La reducción del personal de este cuerpo al terminar la guerra civil, el servicio que fue llamado á desempeñar en las capitanías generales, que absorvia esclusivamente su atención y aun la falta de local y de r e c u r s o s , dejaron en la inacción este establecimiento, hasta que á propuesta del director de E. M. recibió un nuevo reglamento por real orden dc 21 de enero de 184-7. En su reorganización fue dividido en cuatro secciones, comprendiendo la 1 . a todo lo relativo á geografía y topografía; la 2 . a la estadística; la 3 . a historia^ y la 4.a» los asuntos militares, estableciéndose ademas una litografía para multiplicar desde luego los trabajos que así lo exigiesen por su interés ó por la conveniencia de su circulación. El cuerpo de E. M. destinó hasta 10 gefes y oficiales al depósito, y después de reconocer, arreglar y clasificar en !o posible los archivos de este establecimiento , encontró, que para que las secciones pudiesen ocuparse de su cometido, era necesario enriquecerlas con nuevos y mas estensos d a t o s , pues escaso el número de los existentes sobre nuestras últimas guerras, lo estaban mas aun de planos y reconocimientos militares de nuestro país.

YA personal del depósito salió ya el mismo año 47 á verificar sus trabajos sobre el terreno , dando principio á la formación del Itinerario general de España con una amplitud digna de su importante objeto, y reconociendo al paso los varios campos de batalla que se encuentran en nuestra península.

Empleándose en los reconocimientos desde mavo a octubre de todos los a ñ o s , los oficiales vuelven al establecimiento á poner en limpio sus trabajos y los de otras comisiones del cuerpo, empleadas va con igual objeto ene año de 1848. Así el celo y decidida voluntad del E. M. reúne interesantes documentos para la historia y para la aplicación del importante ramo de la logística, ínterin las circunstancias le permitan ocuparse del gran trabajo de s carta geográfica.

MUSEO DE INGENIEROS DEL EJERCITO (HISTORIA DE MADRID)

(calle de Alcalá número 63). El origen de es£e establecimiento coincide con una de las épocas mas brillantes v venturosas e n j a historia de ios cuerpos de Artillería é Ingenieros. En el año de 4»o¿ bajo la acertada dirección del célebre general D. José a Urrutia, que se hallaba al frente de ambos cuerpos, pueae decirse recibieron estos nueva vida; su organización y servicio, su instrucción teórica v practica y cuantos ram abrazan estas instituciones facultativas de la milicia alcanzaron mejoras señaladas , y cuyos preciosos frutos se n recogido abundantemente aun én medio de las grandes co vulsiones, que la nación ha sufrido por consecuencia ae i estrañas y empeñadas guerras de 4808 á 4844, de 5¡Um»j y 33 á 40. aquella época de tan grato recuerdo, «e IOIU el Museo, llamado Militar, con la reunión de planos, memorias, a r m a s , máquinas, modelos y otros objetos estraidus de las dependencias de Artillería é Ingenieros; pero lo que desde luego le d i o grande importancia fue la adquisición del gabinete de modelos del marqués de Montalambert, célebre autor de fortificación , comprado en París de orden del Gobierno , por el ilustrado embajador Azara adquisición mas estimable cada dia á medida que va generalizándose la aplicación de muchas de las ideas de aquel autor. Encargados del naciente Museo el coronel de Artillería, D. Joaquín Navarro Sangran, y el teniente coronel de Ingenieros, D. Juan Ordovás, fueron mas rápidos sus progresos de lo que podria presumirse, merced al celo é inteligencia de sus directores; mas luego vino á entorpecerlos la crisis que la España esperimentú en 1 8 0 8 con la invasión francesa, y muy señaladamente por la circunstancia fatal de hallarse situado en el mismo edificio que el Parque de Artillería, tan justamente célebre por el glorioso combate del 2 de Mayo de aquel año , cuyo suceso y los que después se siguieron», ocasionaron las i r r e parables pérdidas que el establecimiento sufrió hasta t e r minarse la guerra de la Independencia. Al abrigo de la paz y encargado de su restauración en 1 8 1 4 , el mismo D. Joaquín Navarro Sangran, mariscal de campo entouces, y c o ronel de artillería, y el coronel de ingenieros, D. Gaspar Diruel, se debió á sus luces y diligencias, el mejoramiento del Museo, fundado ya sobre bases y con miras mas e s t e u – sas, las cuales aprobó el Gobierno , entre las que fue una su traslación al palacio de Buena-Bísta. Sobrevinieron después los sucesos notables de los años de 2 0 al 2 3 , en medio de los cuales los gefes encargados del establecimiento, el mariscal de campo D. Ignacio M. de San Clemente, y el brigadier de ingenieros D. Blas Tena, tuvieron que vencer no pocas dificultades, hasta que en vista de su ensanche, por real orden de 9 de enero de 1 8 2 3 el Museo Militar se Gubdividió en Museo de Artillería é Ingenieros, peculiares á estas armas. El de Ingenieros no pudo en algun tiempo arrostrar los inconvenientes que las circunstancias ofrecían , hasta que, en 1 8 3 5 , puesto al frente del cuerpo e l distinguido general Don Luis Maria Balanzat se d i o a conocer prontamente su vigoroso impulso secundado Por la eficacia é inteligencia del brigadier D. Mariano Carrillo, y el capitán D. Juan Muñoz primeramente, y d e s pués el coronel D. Benito León y Canales y el comandante b. Vicente Rodríguez. De esta suerte alcanzó el Museo la época del nombramiento del actual ingeniero general en agosto de 1 8 4 3 , desde cuya fecha, puesto al cargo inmediato del brigadier D. Mariano Miguel y Polo, son notables sus progresos. Se han aumentado considerablemente los °bjetos que encierra; se ha dado á todos ellos nueva colocación, distribuyéndolos en salas, las cuales llevan el nombre de ingenieros célebres ya difuntos, y se han creado tres nuevos departamentos, bajo los títulos de gabintes t o pográfico, tecnológico y gimnástico. En el 1 . – se han reunido y deben colocarse en adelante los modelos propiamente topográficos, destinados á presentar el relieve del terreno en diversos conceptos para ello, en virtud de real orden, estuvieron en París por el espacio de año y medio el maestro mayor y 2 operarios del mismo Museo el 2 . ° , casi completo, encierra una preciosa colección debidamente clasificada de los materiales de toda especie, que se emplean ó pueden emplearse en las obras dirigidas por el cuerpo de ingenieros el 3 . ° en fin, contiene cuantos modelos y objet o s de toda especie formaban la colección que poseia el eoronel español D. Francisco Amorós, marques de Sotelo, creador de la gimnástica moderna. La abundancia y riqueza de tantos objetos, manifiestamente útiles para el estudio de las ciencias y de ías a r t e s , análogas á la profesión del ingeniero, ha proporcionado ya á los tenientes del cuerpo, a su salida de la clase de alumnos de la Academia , el provechoso examen de dichos o b j e t o s , bajo la dirección de un profesor.

.Muy difuso seria ocuparnos en enumerar circunstanciadamente cada uno de los infinitos objetos que encierra este establecimiento, análogos á su i n s t i t u t o , por lo cual s°lo indicaremos las salas dé que consta, con sus denominaciones y destino. Sala de MinalL. Fortificación permanente; sistemas y plazas. Sala de Zorraquin. Parte topográfica.

Sala de Amorós. Gabinete gimnástico. Sala de San Genis, Fortificación permanente; ataque de plazas. Sala de I-‘erboon. Fortificación permanente; plaza. Sala de los Cermeño*.

Fortificación permanente; sistemas y plazas. Sala de Urrutia. Construcciones y otros objetos.» Sala de bucuce.

Construcciones. Sala de Pedro Navarro. Fortificación permanente; plaza. Sala de Hlake. Fortificación permanente; sistemas y proyectos del mariscal de campo Montalambert; g a b i n e t e tecnológico. Sala de lialanzat. Fortificación de campaña.

ARMERIA REAL (HISTORIA DE MADRID)

Palacio Beal y plaza de la Armería.

Uno de los edificios que conserva Madrid del tiempo de la Casa de Austria, es el que ocupa la magnifica Armería Real.

Fue hecho por mandado de Felipe II, con diseños y bajo la dirección de Gaspar de Vega, quien acompañó al mismo r ey á Inglaterra y volvió á España según el Sr. Llaguno á p r i n cipios de 1556, con encargo de hacer las Caballerizas Reales, frente al Alcázar, en el solar de v arias casas que se h a bian comprado y demolido t r e s años a n t e s . En cumplimiento á lo que ordenó el Rey desde Bruselas á mediados del citado año, quedaron en el mismo sacados los cimientos de las Caballerizas, cuva construcción terminó en 1564, h a biéndose fabricado ía planta baja con bóvedas, para evitar los incendios tan fáciles de ocurrir en donde habia de aglomerarse mucho combustible, conforme observaba el rey en una de sus interesantes c a r t a s , en las que tod i se halla p r e visto y calculado con el mayor tino. Los tejados empizarrados no se conocian en España, y habiendo espresado Felipe II «queremos que el tejado de las Caballerizas sea de pi- «zarra y de la facción de los de acá» (Bruselas», se buscaron oficiales que llegaron á España por la primavera de 1559 y entendieron en hacer la armadura de madera unos y en cortar y sentar la pizarra otros, no habiendo querido el r ey que se pusiesen planchas de plomo de las que venian de I n – glaterra para el Alcázar.

Terminado el edificio en 1564, según hemos dicho, fue ocupado en el siguiente año el piso principal del lienzo que mira al palacio por la Armería que estaba en Valladolid, como lo acredita la orden del monarca para que se diesen XOO ducados al armero mayor, á fin de traer «.a Armería que tenemos en la villa de Valladolid á la de Madrid.» En la invasión francesa de 1808 fueron demolidas las c a ballerizas que ocupaban el centro de la que hoy es plaza do la Armería, quedando únicamente, aunque muy alterada con revocos, la principal fábrica que levantó Gaspar de Vega, que es una de las primeras casas que se hicieron con r e g u laridad clásica, subsistiendo en buen estado el espacioso arco de medio-punto, labrado de sillares almohadillados de granito, formando una gran vuelta, que arranca de unas impostas que están poco elevadas sobre el pavimento. Al frente de la fachada principal del Palacio Real y cerrando por el lado del S. la espaciosa plaza llamada de Mediodia, se halla este edificio, que consta de planta baja y piso p r i n cipal , teniendo en la primera claraboyas rústicas entre las ventanas, y en el segundo jambas y guarda-polvos de g r a nito , en los que sentaban en tiempo de Ponz, niños con coronas, que al presente no existen, habiendo sido sustituido el agramilado de que estaban labrados los entrepaños con revoco de color. Termina el todo una cornisa de piedra, sobre la que se levanta la armadura del tejado que está c u bierta de pizarra y tiene el caballete muy elevado con los dos remates laterales de ladrillo, escalonados á la manera flamenca, de los cuales queda ya t an solo el que corresponde al campo , habiendo sido últimamente demolido el del lado del arco. La planta baja es abovedada y hacia parte de las antiguas caballerizas. Forma todo el piso principal un vasto salón rectangular que recibe luces por uno y otro costado v presenta una estension de 227 pies en las líneas mayores» y 36 en las menores, cubriendo este considerable e s pacio una techumbre de madera. Hállase colocada cn esta gran sala ó mas bien galería , pues reúne las condiciones de t a l , l a preciosa Armería Real, que si en todo tiempo ha m e recido particular atención, ofrece al presente mayor interés por la nueva y acertada colocación que se acaba de dar a los muchos y n i u v preciosos objetos que encierra. _ Decoran el ingreso dos elegantes maceros del tamaño natural , colocados á uno y otro lado de las puertas vidrieras que hav á los pies de la galería. Corresponden a los maceros dos heraldos ricamente vestidos, que se bal an en el medio del salón mirando á la entrada, y precediendo a la hermosa perspectiva que forman las magnificas armaduras dispues tas como en una vistosa marcha militar. Repartidas por las paredes y en las sobreventanas, se ven armaduras y armas de todas clases, completando este bellísimo cuadro los e s tantes del testero y en su centro la efigie de San Fernando.

Han sido pintadas las paredes con el mayor gusto y sencillez , cual corresponde á un establecimiento de esta clase, habiéndose elegido una tinta la mas apropósito para que destaquen las armaduras, evitándose al mismo tiempo una fastidiosa monotonía con las ligeras jambas y fajas que se han figurado en los vanos de los balcones.

Ocupan el centro de la prolongada sala dos rectángulos simétricamente dispuestos con varios pedestales de buena forma , en cada uno de los cuales hay una bonita urna de cristales que gira sobre un e j e , para que se examine cómodamente el objeto que contiene. En la primera, por el lado que mira á Palacio, está el casco de Carlos V hecho por Negroli en i’óí’ó, según se lee en la parte interior del mismo.

Este casco es el que atribuye el vulgo á Julio César, porque dice sic tua invictue Ccesar, aludiendo á la figura que simboliza el África, á la que tienen sujeta la Fama y la Victoria.

Hállase en el penúltimo pedestal por el lado de Palacio, un casco que se atribuye á Cellini, y en el último de la banda opuesta hay otro que representa pasages de Baco. Diferentes cascos notabilísimos , va por su mérito artístico, ya por su interés histórico , se hallan distribuidos por los pedestales de uno y otro cuadrilongo, terminando el p r i mero con un peto de Felipe II puesto en su correspondiente urna, v en él que se espresa la batalla de San Quintín , y el segundo con la litera sencilla en estremo que usaba el emperador Carlos V en sus espediciones. Las infinitas sillas puestas entre los pedestales merecen ser examinadas, particularmente las primeras por el lado de Palacio, pues una fue de D. Jaime el Conquistador, dos del Cid, una de Felipe I I ; varias que siguen son de esquisita labor, como la llamada de Neptuno, y en fin hay otras muchas que seria prolijo enumerar. Encierran ambos cuadrilongos ricas armaduras dispuestas en filas y colocadas unas en pedestales de bella forma que imitan mármoles con mucha perfección y otras en sus correspondientes caballos, hechos algunos r e cientemente por los señores Piquer y Pérez. Las dos primeras armaduras á caballo pertenecieron al César Carlos Y; una de ellas á la romana es la que llevó cuando se coronó en Bolonia. Entre las restantes armaduras las hay de Fernando V, del cardenal Cisneros, de Hernán Cortés, de Felipe II, de D. Juan de Austria, de Felipe I I I , viéndose una magnifica de Carlos V, obra de Negroli traida de Yuste, dos soberbias que pertenecieron á Felipe II están al fin de los dos rectángulos inmediatos al último caballo que sostiene la a r madura con que entró en Túnez Carlos Y. Por último , se encuentran en este museo dos armaduras de Isabel la Católica, una de Boabdil rey de Granada, dos chinescas ó j a p o nesas, una moderna de las islas de la Occeanía puesta en la correspondiente figura ejecutada por el Sr. Piquer. Ocupan el centro de las filas de armaduras de ambos rectángulos piezas de artillería muy curiosas, y una costosa silla morisca regalada á nuestra augusta reina doña Isabel IL. En las paredes de esta gran galería y en las sobreventanas hay asimismo armaduras, armas bien combinadas y escudos, siendo notable el que .regaló á D. Juan de Austria S. Pió V, el cual tiene dos balazos, y ha sido en este siglo despojado del Crucifijo dc plata que habia en su centro, y de la inscripción que le circundaba. Frente á la puerta ha tenido el Sr. Sensi la feliz ocurrencia de colocar una armadura con una cabeza de león simbolizando la España y al rededor las diferentes armas con que sus esforzados hijos han luchado en uno y otro hemisferio. Penden del techo algunas banderas notables, observándose al fin del salón el estandarte de D. Juan de Austria. Es tal la riqueza de esta galería , que lleva gran ventaja á las de igual clase de Londres y Paris. En esta ciudad se publicó una magnífica obra que hemos tenido á la vista en la que hay 81 láminas dibujadas por el Sr. Sensi que representan los mas notables objetos de esta Armería y van acompañadas de testo que prueba la erudición y sana crítica de los Sreales Sensi y Jubinal. Sensible es que el escesivo coste de esta obra no permita que se generalice. En España existia la descripción de Abadía, pero careciendo de numeración, no era útil para distinguir los objetos, si bien daba noticia de su existencia.

En los estantes se halla[mucho bueno que observar. El que está señalado con la letra A contiene e n t r e otras curiosidades, los ropajes y el casco de Ali, general de la escuadra turca en Lepanto , y varias armas pertenecientes al bey de Oran, Hacen ó sea Bigotillos. En el estante B se guardan armas blancas turcas ó moriscas en su primera mitad , y en la segunda los montantes dados á los reyes por los sumos pontífices, y algunos estandartes que tuvieron los cristianos en Lepanto. Notable es cuanto se ve en el estante C mereciendo particular atención la colección de espadas formada por las de Pelayo, de Lain Calvo, del Cid, de Bernardo del Carpió, la llamada de Roldan, con adorno de ricas piedras, la de San Fernando , de Fernando V , el estoque real que sirve en las juras de los príncipes de Asturias, 3ue es la espada del Gran Capitán, de Carlos V, de D. Juan e Austria, de Cortés, de Pizarro, la bellísima denominada del Mascaron y la terrible partesana de D. Pedro el Cruel.

Son igualmente notables el escudo de Medusa , el de la batalla de Cartago, otros dos muy preciosos y la curiosa adarga que representa la toma dé Granada en la parte superior , y la batalla de Lepanto en la inferior ; leyéndose en el centro Serie spes una senecta>; debajo de esta adarga está el bocado del caballo de Witiza. Cuatro bellos escudos encierra el estante D, que son el del Mascaron, el déla conquista de África, el del triunfo del amor y otro que no se le designa con nombre alguno. En la parte inferior hay un considerable número de primorosas espadas de cazoleta, entre las que se cuenta la de D. Suero de Quiñones y la de Garcilaso de la Vega. Muchas armas de fuego antiguas é interesantes, ocupan el estante E, que asimismo ostenta tres banderas, dos de ellas de Lepanto. Armas de fuego modernas, entre las que se distinguen algunas de esquisiías labores, y una de dos cañones regalada por Napjleon á Carlos IV se hallan en los últimos estantes, designados con las letras F y G, en los que también existen sillas y armas turcas dcmuého valor, y una riquísima gualdrapa bordada de sedas y o r o , remitida como aquellas a Carlos III, por el emperador de Turquia. Otras muchas preciosidades hemos observado en los estantes referidos, pero no podemos hacer de todas mención, pues debemos ceñirnos á los límites marcados por nuestro plan. Cuantas personas visitaban este magnifico establecimiento, echaban de menos un libro que sirviese de guía al reconocerle, exijencia muy j u s t a que se verá satisfecha en breve, pues cómo complemento déla reforma que ha sufrido esta armería y en virtud de la cual ha duplicado su valor, se publicará un exacto y bien detallado catálogo, formado ya por una junta compuesta de personas competentes y por el Sr. Sensi, á quien no podemos menos de tributar los mayores elogios por el esmero y tino con que ha procedido en la nueva colocación de las armaduras, cascos y demás, dando realce á todos estos objetos que recuerdan nuestras glorias militares. Muchas son las atenciones que debemos á dicho señor, pues con la mayor finura y tomándose el mas vivo interés, nos ha dirijido al examinar repetidas veces el establecimiento, puesto por fortuna á su cuidado. Béstanos decir solamente , que el célebre coche de la reina doña Juana , ha sido trasladado á las caballerizas reales , según queda referido en la descripción de aquellas, é igualmente se ha quitado de esta armería, la carroza de hierro que regaló á D. Fernando vil el señorío de Vizcaya. La entrada al establecimiento que acabamos de describir, no puede ser franca para el público, pues lo impide el local poco espacioso al efecto; pero las esquelas se han dado siempre con mucha facilida

GABINETE TOPOGRAFICO (HISTORIA DE MADRID)

(real sitio del Buen-Retiro).

Este Gabinete fue erigido por el señor D. Fernando Vil, en los últimos años de su reinado , con el laudable objeto de reunir en él todas las capitales del reino en modelo, proyectando darle tal estension que hubiera llegado á ser el primero de su clase en Europa, según observa acertadamente su ilustrado v apreciable director el brigadier de artillería D. León Gif de Palacio. El local en que se halla este precioso Gabinete es el antiguo é interesante edificio del Buen-Retiro, llamado el Cason por haber estado algunos años en completo abandono hasta que á fines del reinado de Carlos 11, pintó al fresco su espaciosa bóveda , el insigne Lucas Jordán, echando en esta obra «el resto de su habilidad» como espresa con sobrada razón el erudito Ponz.

Fue construido este edificio en tiempo dc Felipe IV, por el arquitecto Juan Bautista Crescenti marqués de la Torre, quien le díó una elegante decoración arreglada álos severos principios del estilo clasico, constituvendo la parte mas notable del antiguo palacio del Buen-Retiro, que si bien tenia bastante amplitud, carecía do la magnificencia correspondiente á la morada en que residieron por espacio a muchos años los monarcas españoles. Consiste el m e l l C , ^ a nado Cason on un paralelógramo-réctángulp con laentra principal en el lado del E. que os uno de los dos menoi-ts, en los laterales que son los mayores y corresponden a í*. J S., hay cinco balcones en cada u n o , é igual numero u ventanas encima, adornando á los primeros jambas y w9^ t de ispicios triangulares de granito, v a las segundas que s J e vano cuadrado, jambas llanas de igual materia, con i cuadros en los macizos de uno y otro piso. En el sitio q ocupa la actual entrada principal existió hasta el ano 34 un pórtico formado por varios arcos de piedra o t i eña que sentimos , no se conservase y restaurase¡, p • ocia un ingreso mas digno que el a c t u a l , C O í n P u ® r» a pequeña’fachada de fabrica con algunos ornato*-4 por lo pobre de la materia se están deteriorando continuamente.

El magnífico salón que sirvió desde el reinado de Carlos I I , para recibir embajadores , dar bailes y celebrar otras grandes funciones, quedó sin uso cuando la familia real se traslado al Palacio nuevo , y se cometió la gravísima falta de no reparar las paredes que padecían mucho con la humedad , por cuya causa los bellísimos frescos que r e – Eregentaban las hazañas de Hércules , en un gran friso por ajo de la cornisa , llegaron á estar sumamente deteriorados , completando su destrucción las telas de sedas que fueron pegadas sobre estas preciosas p i n t u r a s , cuando se dispuso en 4834 este salón grandioso, para que en él se reuniese el Estamento de Proceres, que se trasladó á Doña Maria de Aragón a fines de 1835 quitadas las telas han vuelto á quedar descubiertas las hazañas de Hércules, pero en tal estado que apenas se percibe ya el contorno de las figuras, pérdida por cierto lamentable, pues habian sido ejecutadas por el célebre Jordán «con estremada espresion valentía y fiereza» según dice el entendido Palomino. Siguiendo los consejos del eminente critico D. Antonio Ponz, se hizo por mandado de Carlos III, una colección de 24 láminas dibujadas por D. José del Castillo y grabadas por Barcelon, que representan las espresadas hazañas, é igualmente las pechinas y medios puntos de la antecámara del Cason , que ya no existen. Dignísima es de particular elogio la gran composición que aun subsiste , aunque no en el estado que seria de apetecer , cubriendo la alta bóveda del mismo Cason , y es en concepto de todos los inteligentes la obra mejor de cuantas hizo al fresco en España é Italia el famoso Jordán , así por lo fecundo de la invención y composición bien entendida, como por el dibujo y colorido. El argumento es la institución de la orden del Toisón de Uro, fundada por Felipe el bueno . duque de liorgoña y de Brabante, el cual se halla en el sitio principal en actitud de r e cibir el Vellocino de Oro que le entrega Hércules. Los T i tanes que pretendieron asaltar el culo y la diosa Palas que se les opone , están en un lado ; llama en otro la atención una matrona sentada sobre un globo y con varios cetros en la mano, simbolizando la monarquía española, cuyos triunfos y conquistas manifiestan diferentes prisioneros asiáticos Y alricanos , al paso que demuestran sus virtudes varias ninfas que forman una hermosa guirnalda. L’n gran león, que empuña el cetro, parece aterrar con sus bramidos al furor bélico y al dragón que está unido con é l , y significa la h e – regía. Constituyen el complemento de esta magnífica bóveda, circundándola, Apolo y las nueve Musas, con las insignias correspondientes y algunas estatuas , que se finjen de mármol y representan filósofos como Aristóles, Platón, Sócrates y «otros por último , cuatro figuras colocadas hacia losángulos, es-presan las edades de oro, plata, cobre \j hierro.

Son inesplicables, diremos con el señor Cean Bermudez, los accesorios de este fresco que es tenido por el Capo d’Opera del gran Jordán , pero desgraciadamente en el e s tado, que todo se ve, tal vez no tarde en desaparecer lo que existe.

Dada una idea aunque sucinta de las esquisitas pinturas que adornan la vasta v alegre sala del Cason; pasamos á indicar los objetos que encierra, llállanse á la entrada varias fieras disecadas, de las que han ido muriendo en este sitio del Buen B e t i r o , que á la verdad no tienen relación alguna con el objeto y título del establecimiento; y pasando al s a lón que hemos descrito, encontraremos en su centro los escelentes modelos de Valladolid, Aranjuez, Casa de Campo y Madrid; siendo este último notable por lo exacto y prolijo del t r a b a j o , viéndose reducida la populosa villa, á una superficie de 272 pies cuadrados, con la proporción de 1/2 línea por vara. Distribuidos por los costados de este salón hay muchos y estimables modelos, mereciendo particular mención el lindísimo del Escorial, cubierto con una urna de cristales; el del Museo del Prado, Teatro de Oriente, antiguo Alcázar de Madrid, Torre de Hércules, y otros c u ya enumeración seria demasiado prolija. Al frente de la entrada y detras de la hornacina en que estaba el Trono, cuando los Proceres se reunían en este edificio, hav una pequeña pieza que ocupa el célebre modelo en madera fina, del palacio que delineó el abate D. Felipe Juvarra, obra primorosa, que debia estar en un sitio mas espacioso, para que se pudiera examinar con la necesaria comodidad, el conjunto y detalles del proyectado Palacio, q u e , prescindiendo de su estension y limitándonos á su estructura y d e coración-, nos agrada mas que el de Sequeti, que es el actual. Concluimos la descripción de este Gabinete, diciendo que estuvo colocado primeramente en las salas del Museo Militar, y después en el salón de los Beinos, de donde fue trasladado al sitio en que actualmente se halla.

CONSERVATORIO DE ARTES (HISTORIA DE MADRID)

(calle de A t o c h a , núm. 32) creado por real orden de 18 de agosto de 1824, se hallaba en la calle del Turco en un edificio de mas apariencia que capacidad interior, y desde él fue trasladado al estinguido convento de la Trinidad donde existe. Seriamos demasiado molestos, si nos detuviéramos en reseñar la historia de sus vicisitudes, ocasionadas por la falta del cumplimiento de la citada real orden, que mandó pasaran á él los restos del ant gabinete de máquinas y modelos que. hubo en el palacio del Buen-Retiro, el cual era uno de los mas notables de Europa á principios del siglo; por efectos de la última guerra civil, y por la falta en fin de fondos, con que poder atender al sostenimiento de sus cátedras, á la adquisición de colecciones de máquinas y modelos y á la conservación de sus talleres.

El Conservatorio, diremos en resumen , tuvo épocas de ser atendido por el Gobierno; procuró siempre llenar el objeto de su instituto; pero jamás pudo conseguirlo diversos fueron los socorros que recibió ; mas nunca alcanzaron á c u brir sus obligaciones hasta que mejorada la situación de los fondos de Instrucción pública se le concedieron, no ha mucho , 4,000 duros para compra de máquinas y aparatos de física y mecánica, y 120,000 r s . , para la habilitación del nuevo local. En e s t e se han hecho las reformas necesarias para dejarlo apropiado al objeto ; se ha establecido un gabinete de física surtido de escelentes apa-atos que se encuentran cómodamente colocados en una elegante estantería ; se ha formado un taller que ocupado por un crecido número de artistas , no solo hacen las obras del establecimiento, sino tambien máquinas y modelos que nada tienen Que envidiar á las construidas en el estrangero las cátedras disfrutan del alumbrado de gas, especialmente la de delineac i o n , pues se halla alumbrada con unos 300 mecheros hay por último , aunque todavía en la calle del Turco , una buena biblioteca con cuantas obras modernas se han publicado y continúan publicándose sin faltar ninguna de las antiguas que hagan relación al objeto de este establecimiento-, en él reciben instrucción780 alumnos, subdivididos en las siguientes (i cátedras ; aritmética, 126; geometría plana y descriptiva, 50; mecánica , 34; física , 92 ; química, 94, y delincación, 384. Las c u a t ro quintas partes de estos alumnos son artesanos y los restantes casi en su totalidad jóvenes que estudian las ciencias como preparación para ser admitidos en las escuelas especiales de ingenieros de caminos, minas etciudad La Dirección del Conservatorio, fue encargada en su fundación á D. Juan Peñalver , que la vino desempeñando hasta que falleció en fines de 1834, y le sucedió D. Francisco Orlando hasta 1838 en que se suprió creada nuevamente la Dirección en 10 de enero de 1844, fue nombrado D. Joaquín Alfonso , quien continúa desempeñándola con propósito , según se nos ha informado , de nacer notables mejoras

MUSEO DE CIENCIAS NATURALES (HISTORIA DE MADRID)

(calle de Alcalá, núm^ 19.) Desde el reinado de Fernando VI, el Gobierno español parece habia tratado de establecer en Madrid un gabinete de historia natural, á cuyo fus se mandaron r e coger , bajo la dirección de D. Guillermo Bowles, muchos objetos curiosos, cuya custodíale fue igualmente encomendada.

Posteriormente Carlos III, decidido protector de las ciencias naturales, mandó erigirlas en Madrid tres monumentos contiguos; el Observatorio astronómico, el Jardin botánico y el Museo, llamado hoy de pinturas, que por su magnificencia material, nos hacen calcular cuales serian los proyectos científicos, que se proponía aquel ilustrado m o narca.

En efecto, estos tres edificios estaban destinados desde su origen á constituir un solo establecimiento el Museo de Ciencias naturales de Madrid del que nos proponemos dar algunas noticias en este artículo; pues aunque p o co larga la techa de su existencia, no por eso ha dejado de ofrecer diferentes modificaciones antes de llegar al estado en que hoy se encuentra. Destinado el Observotorio para el estudio práctico de la astronomía, y cl j a r d in botánico para el cultivo y la enseñanza de la ciencia de las p l a n t a s , se pensó colocar en el suntuoso edificio del Museo del Prado los gabinetes mineralógicos y zoológicos con las cátedras en que se enseñan estas ciencias, mas las de física y química.

De los t r e s edificios referidos el del Jardin Botanicofue el que a n t e s se concluyó y sirvió á su objeto, é ínterin se terminaba la construcción de los otros dos, se estableció provisionalmente el gabinete de historia natural en el cuarto 2.° de la academia de San Fernando. Después de muchas dificultades, se dio cima por último á la principal obra del Museo del Prado; pero por una fatalidad para las ciencias naturales, ha tenido un destino muy diferente del que se habia propuesto su fundador, por cuyo motivo las ricas colecciones del gabinete de historia natural, siguieron depositadas en el estrecho recinto ya mencionado. Sirvieron de base á estas colecciones los objetos recogidos por D. Guillermo Bowles, y una gran parte de los que formaron el gabinete particular de D. Pedro FrancoDávila,adquiridas por la nación mediante un contrato del Gobierno con este señor, en consecuencia del cual se le nombraba director perpetuo del establecimiento con el sueldo anual de 60,000 r s . y casa.

Por las noticias que hemos podido recoger, se puede asegurar que la parte mineralógica del gabinete fue la que desde luego recibió considerables aumentos, siendo uno de los mayores la magnífica colección que el Gobierno compró al comerciante inglés Mr. Forster , rica en ejemplares de gran tamaño y exacta determinación. Carlos III empleó todos aquellos medios que podian acelerar la terminación de su proyecto; y no contento con las compras que su Gobierno hacia, de cuantas preciosidades se le ofrecían para completar las colecciones del Museo, mandó verificar á diferentes recolectores, espediciones dentro y fuera de la Península con el fin de recoger objetos naturales. Heñían, Neé, Pineda, Mociño, Sessé, Herrgen, Talaker, Espiñeira y muchos botánicos ilustres fueron de este número; debiéndose á la laboriosidad de tan eminentes naturalistas muchas de las r i quezas que en el dia posee nuestro Museo. Tambien contribuyeron á su engrandecimiento las acertadas y terminantes órdenes que el ilustrado monarca hizo espedir á todos sus gobernadores de España ó Indias, mandándoles remitir al establecimiento cuantas producciones naturales se encontrasen en los distritos encomendados á su particular autoridad; consiguiendo de e s t e modo dos útilísimos objetos L.° tener noticia de las riquezas que la naturaleza ofrecía en sus dominios; y 2.° poseer muestra de ellas para admiración de los curiosos y estudio de los naturalistas en la metrópoli de su imperio. Es por demás decir que después de la muerte de Carlos III el Museo de Madrid se resintió de la falta de su protector; sobre todo, cuando los trastornos déla nación fueron desquiciando las mas sólidas obras de los tiempos pasados. Concluida la guerra de la Independencia y desembarazado el Gobierno de sus mas serias atenciones, Fernando YII decretó en 18151a reorganización del citado Museo, reuniendo el gabinete de historia natural, ¡ardin Botánico y Observatorio Astronómico, con la agregación de las cátedras de mineralogía , zoologia, botánica, física, química y astronomía. Puso á su frente una j u n t a llamada de protección compuesta de personas muy i n s t r u i d a s , que indudablemente hubieran llevado la obra á su fin si los deseos que las animaban, hubiesen sido secundados con los medios indispensables; pero el erario de la nación habia quedado exhausto, y no era fácil volver á los tiempos en que Carlos III prodigaba los millones para hacer adelantar las ciencias.

Asi siguió nuestro Museo hasta el mes de setiembre de 1837 en que de nuevo se modificó su parte gubernativa, que fue confiada á otra junta formada por los profesores del mismo establecimiento. Últimamente, los cambios verificados en todos los ramos de instrucción pública, tambien han modificado el referido decreto de 1837, y en el reglamento del Museo aprobado por S. M. en el año de 1847 se ha organizado definitivamente el establecimiento de que tratamos, componiéndole el gabinete de Historia natural, el j a r – din Botánico y las cátedras de mineralogía, geología, anatomía comparada, zoografiay botánica pertenecientes álos estudios superiores. La parte económica y directiva ha quedado á cargo de un gefe local; una j u n t a facultativa compuesta esclusivamente de los profesores de Historia natural de la facultad de ciencias de la universidad de Madrid, tiene encomendado el adelanto de las que son objeto del Museo; la clasificación y arreglo de sus colecciones toca á los c a tedráticos respectivos, aumentándose por los trabajos de los colectores y corresponsales del mismo, no menos que por los cambios verificados con otros establecimientos análogos, y adquisiciones hechas por compra; quedando la enseñanza sujeta á lo prevenido en el último plan de instrucción pública. Estos son los principales puntos del reglamento vigente en el Museo de Madrid; v no hay duda que con su exacta observancia llegará al grado de esplendor que corresponde á un establecimiento de su clase lo decimos con tanta mas seguridad, cuanto que lo prevenido en dicho r e glamento no es un mero ensayo que se trata de hacer, sino una convicción adquirida por la esperiencia de 6 años, durante los cuales no solo se fian formado en este Museo maestros, que están difundiendo la ciencia en las principales universidades del r e i n o , sino que sus colecciones se han duplicado unas, cuadruplicado otras, dado un nuevo orden á todas, y establecido algunas que faltaban casi completamente antes de la época citada, como puede observarse visitando las galerías del gabinete, leyendo sus catálogos, ó bien haciéndose cargo de los párrafos siguientes.- Mineralogía. Puede asegurarse sin temor de ser d e s mentido , que la colección de minerales colocados en las salas públicas de nuestro Museo es la mas notable de cuantas se conocen hoy dia, t a n t o por la magnificencia y tamaño de los ejemplares que la componen , como por su exacta caracterización.

Esta colección verdaderamente regia, sorprende al curioso que por primera vez la visita , habiéndose observado mas de una vez estasiarse delante de sus ejemplares naturalistas de gran nombradia, acostumbrados á ver los museos mas completos de Europa. Con t o d o , la colección de minerales aun no aparenta lo que en realidad e s , pues la construcción poco apropósito de los armarios que la contienen, sobrado altos y cargados de madera han impedido colocar todos los ejemplares al alcance de la vista ; y por otra parte, la estrechez del local, que en la actualidad ocupa el gabinete no permite dar cabida á duplicado número que hay depositados en ciento setenta y tantos cajones que se e n cuentran en los sótanos del Museo , hasta que establecido este en un lugar mas amplio pueda ostentar todas sus riquezas.

La colección pública de mineralogía, ha recibido últimamente una nueva colocación en la que el digno profesor de este ramo, ha procurado conciliar el orden científico con Ja visualidad de los ejemplares, presentando los mas notables por su rareza ó tamaño encima de las mesas que ocupan el centro de las salas con el fin de facilitar su inspección y estudio. Están clasificados por el sistema de Haüy, y en los dos cuerpos medios de la sala l .* desde el número L.» hasta el M.° se hallan las piedras y sales compuestas délos óxidos metálicos llamados tierras y álcalis. El nombre de las e s p e cies se encuentra en los rótulos, y cuando estos tienen n ú – roeros , se les ve al lado del ejemplar ó grupo de ejemplares que comprende. El cuerpo bajo de estos armarios contienen la colección de rocas. Las piedras preciosas, ágatas, jaspes Y otros minerales labrados que son objeto de lujo y adorno, están en los armarios señalados con las letras A. B C. Los combustibles no metálicos, por falta de local en la sala 2 . a , se han puesto en el cuerpo bajo del armario B . , escepto el mamante que está en el de las piedras preciosas. Son notables en esta sala el contenido de sus urnas que encierran ejemplares gigantescos de azufre cristalizado, de lluato de de cal, de carbonato y sulfato de la misma base, de barita sulfatada, magníficos granates, cristales de roca, berilos, esmeraldas etciudad Debajo de un imán natural que sostiene (i¿ libras de peso, se ve un fragmento romboédrico de cal c a r bonatada procedente de Guipúzcoa, cuyo tamaño es colosal.

1 armario de las piedras finas contiene ricas esmeraldas, t o pacios, aguas marinas, y otras mil preciosidades entre las que_no puede dejarse de citar el ópalo girasol, que es de t a maño poco común y sirvió en otro tiempo de adorno á un Sran sultán. También en el armario de las ágatas podríamos señalar ejemplares de valor, y por poco inteligente que sea et curioso que examine su contenido, no dejará de fijar l a v i s – a en un ónice de notables dimensiones y de mucho valoren comercio. Por último, sobre la meseta que s e p a r a d cuerpo alto del bajo de la estantería de esta sala se ve g r a n p a r – e de la colección de mármoles, alabastros, pórfidos, serpen- •nas y otras piedras de esta clase, cuyos criaderos se ha- M A D R I D . 841 veria. La serie de hierros, manganesos, antimonios, cobaltos y arsénicos se halla muy bien representada; y como en la sala anterior, los ejemplares de las urnas, que ocupan las mesas del centro, son sorprendentes por todos conceptos. En una dc estas pueden verse varios aereolitos entre los que se encuentra el que hace 8 años cayó cerca de Logroño. En e s ta sala continua y concluye la colección de marmoles , alabastros y otras piedras procedentes de las canteras de la Península. Ademas de la colección pública de que acabamos de hablar, y del depósito de ejemplares que hemos mencionado y debe considerarse conio parte de la misma, nuestro Museo posee otras colecciones de minerales tambien preciosas en su género. Fastas son d o s ; una que podemos llamar de e s t u d i o , y otra de demostración. La primera de estas colecciones está colocada en la misma cátedra de mineralogía , pudiendo considerarse como el comprobante délas e s plicaciones que en a q i e l sitio hace el distinguido profesor Don Donato García. En efecto, este sabio mineralogista e n canecido en la enseñanza, ha comprendido muy bien que en la de las ciencias naturales sirve de poco la teórica sino va acompañada conla demostración conveniente; y ademas que no hallándose en los libros sino esplicaciones mas ó menos especiosas sobre los hechos de la naturaleza, en vano lucharían los talentos mas privilegiados para arrancarla sus s e cretos , si en sus primeros pasos no les señalase una mano práctica , los tipos que en lo sucesivo han de servirles de punto de partida. Para cumplir con este deber de maestro, na colocado dicho profesorla colección á que nos referimos en una estantería de construcción muy cómoda, en la que los alumnos pueden estudiar y examinar á su gusto los o b jetos sin estraerlos del lugar que ocupan. La colección p r i n cipia por los modelos artificiales de sólidos para el estudio de la cristalografía, losinstrumentos y reactivos necesarios para el examen de las propiedades físicas y químicas de los minerales; viene después la serie de las especies exactament e determinada y rotulada, concluyendo con una colección de rocas tipos para el estudio de la geología. La magnitud de los ejemplares de esta colección es muy inferior á la que tienen los de la pública ; en cambio sin ser nada común el número de especies es mucho mayor y su caracterización exacta. La colección que sirve al profesor García para demost r a r en sus lecciones los caracteres de las especies minerales está contenida en unas gavetas de caoba colocadas en él gabinete de la cátedra. Es tambien escogida, muy numerosa en especies y variedades, y muchas de ellas recogidas en los viages que este catedrático ha hecho para estudiar la p a r ta mineralógica de nuestro pais, cuya circunstancia aumenta sin duda su valor. Sino bastase lo dicho para demostrar las riquezas que este Museo encierra en sus colecciones de minerales, podríamos añadir que por órdenes siempre dimanadas del Gobierno ha facilitado en diferentes épocas de sus depósitos á otros establecimientos de enseñanza colecciones nada despreciables; v recientemente acaba de e n t r e gar 34 para otras tantas universidades, i n s t i t u t o s , ó escuelas especiales de a g r i c u l t u r a , arquitectura medicina é ingenieros, lasque difícilmente hubieran podido obtener iguales, si se hubiesen de comprar en el estrangero, á menos de h a ber invertido en ellas sumas considerables.

Zoologia. Si podemos vanaglariarnos de poseer un g a binete mineralógico de primera clase, no sucede lo mismo con el de zoologia que solo puede llamarse naciente, comparándole con los de Berlin, Londres, París y hasta otros de capitales mas subalternas que la nuestra. Vanas han sido las causas de semejante a t r a s o , y entre ellas podemos señalar como principales no solo la naturaleza destructible de los objetos que componen tales colecciones, sino también la poca importancia que en un principio se dio en nuestro Museo á la zoología, hasta et año de L.835 en que fundó una cátedra la Academia de Ciencias de Barcelona, y en el de 4838 en que et Gobierno dotó con dos cátedras al gabinete de Historia nal ural de Madrid. Desde esta época data el movimiento progresivo que han tomado las colecciones zoológicas \ y puede asegurarse que en los últimos años trascurridos se han aumentado algunas hasta el punto de no haber ya sitio pava colocar las ‘especies que faltan para completarlas. Para conseguir este cambio favorable el Museo ha comprado muchos animales, tanto procedentes del estrangero como de la Península ; contribuyendo al mismo fin las dádivas que ha recibido dc varios establecimientos y particulares, entre las que merecen particular mención la del Museo de P a r i s , las del Dr. Clot-Bey, médico de S. A. el Bajá de Egipto, la de 1). Eduardo Gilly , joven marino cn nuestra estación de Filipinas, la de Mr. Cliedufau cónsul español en Alejandría, y la de D. Eduardo Carr e ñ o , que al morir en París legó toda su hermosa colección entomológica al establecimiento en que aprendió á conocer los secretos de la naturaleza.

Anatomía comparada. Esta colección que está colocada en la primera sala entrando al gabinete por la puerta de la d e r . , es de las mas modernas, puesto que antes del año 37 solo existían algunos ejemplares esqueléticos guardados en una pieza de escasas luces, y varios modelos de cera de visceras y músculos de construcción bastante ant.

y de no mucha exactitud. El profesor encargado de esta enseñanza principió por o r d e n a r , según el sistema de sus lecciones, los ejemplares anatómicos que habia en el Mus e o , y fue aumentándolos en términos que en la actualidad ocupan gran parte de la sala referida, mandada establecer á propuesta suya por real orden de 9 de mayo de 4 844. En el dia esta sala contiene una buena serie de e s queletos de animales vertebrados, que se han preparado la mayor parte en el laboratorio del mismo Museo, teniendo el mérito de ser mas exactos y bien ensamblados que los aue se ven en los gabinetes anatómicos estrangeros llama esde luego la atención de los curiosos la actitud y armazón del esqueleto humano; el del murciélago y topo por su delicadez; el del dugong por su r a r e z a , pues hace pocos años solo existían tres ejemplares mas en los museos dc Europa; el del kanguro tan particular por la disposición y forma de sus est realidades; el de la tortuga que se abre y cierra como una caja para facilitar el examen de su organización interior; el de la c u l e b r a , lagarto, rana, besugo y pez de San P e d r o , cuyas multiplicadas piezas están todas ensambladas por medio de alambres sueltos, y no con sus ligamentos naturales, como hacen en el estrangero, cosa que afea y no permite estudiar bien las formas de las superficies articulares. Muchos otros esqueletos podríamos c i t a r , pero en tal c a s o , mas bien que una sucinta noticia del Museo de Madrid , vendría á ser este escrito su catálogo; sin embargo, antes de pasar adelante no podemos menos de hacer mención de los esqueletos de la ballena y cachalote, cuyos gigantescos ejemplares no sc han colocado armados por «la escasa capacidad del local. La colección de piezas modeladas en cera, cartón, piedra, yeso e t c .

es muy escasa, á pesar de que van comprándose algunas á medida que los fondos del establecimiento lo permiten, pues este no tiene artista destinado á semejante clase de t r a b a j o s , como sucede en otros museos estrangeros. No o b s t a n t e , podemos llamar la atención sobre la s e n e de cráneos modelados en y e s o , que representan diferentes variedades de razas humanas, lo mismo que otras que figuran las piezas esqueléticas del Megalonix v Mastodonte las de cera modelos de la miologiá, esplacnología, angiologia, neurología del hombre y del caballo, los órganos de los s e n t i d o s , el aparato genital de las aves y el cuadro del desarrollo del h u e v o , indicando los fenómenos que presenc i a este desde el primer momento de la incubación hasta el del nacimiento del polluelo. También principia á ofrecer piezas curiosas la colección elermato-esquelética, pues aunque reducida a u n , consta de iodos los elementos necesarios para esplicar lo relativo á este sistema tan interesante en el estudio zoográfico. Finalmente, en está sala se ven colocadas en el armario primero tres momias humanas, dos de indios americanos y la otra de un guanche, en el estado de conservación mas» perfecto á pesar de su larguísima fecha.

Colección de mamíferos. Esta colección se ha clasificado y ordenado en el último arreglo, según el método de Cuvier. La mala disposición y poca capacidad de la sala que la contiene, bastante oscura ademas, ha obligado á colocar en la de aves los grandes ejemplares pertenecientes á los órdenes de paquidermos y rumiantes, y á invertir la numeración de los armarios que son de construcción muy antigua y bastante reducidos. Antes del año 38 apenas se veian representados en esta colección todos los órdenes de la clase, y en la actualidad no solo estos se hallan complet o s , sino que lo están las familias y t r i b u s , poseyendo muchísimos géneros aun de los mas raros , entre los que contaremos la mayor parte de marsupiales que proceden de la Occeania , los monotremas, los manatíes e t c .  faltan sin embargo, bastantes especies de queiropteros, rumiantes y cetáceos, bien que estos últimos no suelen ser muy comunes en ningún museo por la dificultad de su adquisición y volumen de su c u e r p o , que en las especies mayores exigiría costosas preparaciones y salas inmensas para contenerlas. En esta colección, como en las demás zoológicas del Museo, cada ejemplar lleva en su peana una tarj e t a que espresa el número del catálogo, el del género, el de la especie, el nombre genérico , el específico y el del pais de donde proceed ; refiriéndose todo esto á los catálogos modernos del establecimiento, en los que está espresado además, si el objeto se adquirió por compra ó donación , en cuyo último caso se indica el nombre del que hizo el regalo.

Colección de aves. Con respecto á esta colección, clasificada según el sistema de Temminek, posee el Museo los tipos de todos los órdenes, familias y t r i b u s ; pero faltan aun muchos géneros, y sobre todo especies. Su aumento ha sido tal de poco tiempo á esta p a r t e , que se ha cuadruplicado el número de ejemplares, tanto por las compras y recolecciones verificadas en el p a i s , como por los regalos hechos al establecimiento de parte de varios naturalistas nacionales y estrangeros. En esta colección atraen desde luego la atención de los curiosos el magestuoso cóndor, el rapaz buitre de los Alpes, el ligero serpentario, las preciosas aves del Paraíso, la rara menura, las pintadastannagras y nectarinas , los brillantes orthorrinchos y epimacos el a r g o s , lophoforo refulgente, anastoma, ibis religiosa , pico de cuchara y de t i j e r a , cisne negro de la Nueva Holanda, aptenodites», y mil otros habitantes del aire que de poco tiempo á estamparte embellecen la galería ornitológica.

La colección dc nidos y huevos es incipiente y aun no merece nombrarse; pero «se espera que eu breve tomará el desarrollo que se observa en las demás.

Colección de reptiles. Esta colección se ha clasificado por la obra herpetológica de Dumeril y Vibron, por estar al nivel de los últimos adelantos de la ciencia. En ella existen tambien los tipos de los cuatro órdenes con sus familias , faltando solo las C e c i l i a s , br.mquiferosj y bastantes géneros cn todos los órdenes; de modo que resulta ser la mas incompleta en el museo de las series de los animales vertebrados. Sin embargo, aun posee algunas cosas notables entre las cuales citaremos el sphargis coriácea, especie de tortuga marina muy grande y r a r a en las colecciones^ varios iguamideos, los géneros chirotes v n e s s i a , un cunectes, el mavor de los c o n o c i d o s en los gabinetes de Europa; otro gran pitón que acaba de regalar Mr. Chedutai, procedente del interior del África, y varias serpientes ven e n o s a s qué en estos ú l t i m o s años han sido remitidas po el doctor Clot-bev De l o s restos fósiles con que la P a l e ° » » tologío demuestra las formas singulares que tenian los i ptiles antidiluvianos, soto posee modelos en y e , s 0 ‘ c u ¿ origínales pertenecen al Museo de P a r í s , llamando la a cion principalmente los del pterodactylus grandis, ictm saurus communis, tenuirostris é intermedius. .

Colección de peces. Está clasificada esta colección . _ gun los principios adoptados por Cuvier y Y « ^ e ° 7 v¿ su magnifica obra icthiológica aun no eoBOCida, por ur¿ motivo en la última p a r t e de la colección solo se ha sePui el orden establecido en el reino animal de fuvier. Únicamente faltan dos familias en toda la s e r i e , pero son muchas las tribus de que carece el Museo é infinitos los géneros y especies. A pesar de e s t o , la citada colección es de mucho valor científico por contener íntegra la que sirvió á nuestro célebre Parra para escribir su icthiologia de las Antillas, obra que es citada con elogio por los estrangeros. Como antiguamente se cuidó mas de t r a e r á nuestro Museo objetos exóticos, que de recolectar los que produce la Península (*), por eso escasean en la colección de que tratamos los peces de nuestras costas y r i o s ; si bien se ha principiado ya á corregir esta falta con una serie escogida de peces del Mediterráneo formada en Barcelona; varios ejemplares recibidos de la costa cantábrica, y otros de los rios y lagos de España. Tambien debemos repetir aquí el nombre del d o c tor Clot-bey, á cuya generosidad se deben preciosas especies del N i l o , que hubiera sido difícil adquirir aun pagándolas á muy crecido precio, Invertebrados. Las colecciones de animales invertebrados están arregladas según el sistema de Lamarck, que es el adoptado por el profesor en sus lecciones. La clase de los moluscos se halla bastante bien representada, y en ella posee el Museo especies y ejemplares raros y preciosos.

Entre estos últimos citaremos los de la meléagrina niaraaritífera, de los cuales uno tiene dos perlas en una valva, v otro una s o l a , pero de tal oriente y tamaño que su valor no baja de 40,000 r s . ; y entre los primeros la cgprea aurora, una de las mas preciosas del género, que sirve de distintivo á los gefes de las t r i b u s de la Nueva Celandia , y Que ha valido hasta 1,000 francos cada ejemplar, si bien eñ dia su precio no es t a n superior; y la scalaria’preciosa regalada al establecimiento por la reina María Luisa, cuyo precio elevado en los ejemplares de cierto tamaño ha llegado á ser de 100 luises. En la serie de los animales articuados se ha mejorado mucho la colección de crustáceos con la compra hecha últimamente en París de bastantes géneros y especies. La colección de insectos no solo se ha aumentado con la compra recien hecha á Mr. D a s t a s , sino que ha adquirido un valor científico de consideración con la que lego al Museo nuestro malogrado Carreño, en la cual se encuentra la de encipteros de Latreille, que por ser autógrafa tiene un valor inapreciable, tanto mas cuanto que este célebre naturalista ha sidD el legislador de la ciencia entomológica ; conservándose en el establecimiento los materiales que le sirvieronparacscribir una buena parte desusceebradas Familias naturales y Genera insectorum. La c o lección de zoófitos del Museo, si bien por una parte está compuesta de ejemplares notables y poco comunes, se debe confesar por otra que fe falta muellísimo para ser completa.

Es cierto que los animales de este dilatado grupo ofrecen mil dificultades para poderlos conservar, y que acaso »o exista una colección que contenga todas fas especies conocidas; pero muchas mas podrían haberse recogido para a nuestra si el establecimiento tuviese corresponsales c e losos en algunos de los p u e r t o s de la Península y posesiones ultramarinas.

Colección paleontológica. La estrechez de la sala destinada á la colección de los r e s t o s orgánicos antidiluvianos, Y ‘a mala construcción de los armarios que la contienen, no han permitido colocar y ofrecer á la vista del público todas las riquezas que en este género posee nuestro Museo. En la actualidad solo se ven algunos huesos de mamíferos de gran magnitud, varios restos de p e c e s , crustáceos, moluscos v zoófitos fósiles, y algunos fragmentos de lignitos, hojas dc heléchos y otras» producciones vegetales en el mismo e s t a do; mas el dia que permitiéndolo la capacidad del gabinete Puedan estenderse ordenadamente todos los materiales que para dicha colección se tienen reunidos en los depósitos oel Museo, puede asegurarse que no será de las menos importantes ni de las mas escasas. Entre tanto ni sitio hay para colocar debidamente la enorme defensa de elefante y otros restos esqueléticos del mismo animal desenterrados» en los aluviones de San Isidro del Campo el dia 24 de diciembre I ^846 por el profesor Gradls y sus discípulos. A pesar del l amentable estado en que la angostura del local tiene redu cida á la colección de fósiles, la sala en que está colocada es una de las mas concurridas por los naturalistas estrangeros, y con especialidad por los ingleses apasionados á la paleontología, que la visitan con tanto interés v respeto como los mahometanos á su Meca, por contener el singular esqueleto del megaterio, cuyo único ejemplar casi completo da un valor y nombradla especial al museo de Madrid.

En efecto, el megaterio merece grande atención, ya sea considerado por su interés científico ya por el que su m o delación puede producir al Museo. Penetrado de esto el profesor Graells, hace tres años corrigió en lo posible los defectos que se cometieron al armar por primera vez el e s queleto del megaterio; lamentándose dé que estos hayan sido causa de graves é involuntarios errores cometidos en las descripciones que autores de nota hau publicado sobre este ser antidiluviano.

BIBLIOTECA DEL DUQUE DE OSUNA (HISTORIA DE MADRID)

(calle de Leganitos núm 54). fSe empezó á formar lentamente por adquisiciones de los duques de e s t e nombre, y tomó su principal i n cremento de los muchos y buenos libros que compró el Sr. D. Pedro Tellez Girón, IX duque de Osuna, abuelo del actual poseedor. La enriqueció tambien con libros impresos y manuscritos, y señaló* una dotación anual para su conservación y aumeuto, el malogrado Sr. D. Pedro Alcántara Tellez Girón, XI duque de Osuna , cuyo noble ejemplo sigue su ilustre hermano ü . Mariano. Fue pública antes de 1808 , y consta de unos 25,000 volúmenes sin contar los manuscritos.

MUSEOS. Vamos á ocuparnos de estos establecimientos, que tanto servicio prestan á Jas ciencias y á las artes, como honra dan á las naciones que los poseen, y sentimos no poder hacer un minucioso detalle de las riquezas que encierran tampoco nos es posible determinar el número de galerías de pinturas que se encuentran en casas particulares.

BIBLIOTECA DEL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES (HISTORIA DE MADRID)

Por falta de local esta biblioteca se halla distribuida en el edificio del Jardin Botánico (paseo del Prado), y en el del Gabinet e de Historia Natural (calle de Alcalá, núm. 19). En el p r i mero se han colocado la mayor parte de libros relativos á la ciencia de las plantas; siendo muy notable esta sección de nuestra librería por las escelentes y costosas obras, muchas de ellas iconográficas y en gran número pertenecient e s al siglo pasado; bien que en estos últimos años se han adquirido algunas de las modernas mas necesarias al e s t u dio descriptivo general y al peculiar de las plantas españolas.

Es igualmente adquisición reciente la libreria del difunto profesor de agricultura D. Antonio Sandalio de Arias que el Gobierno ha comprado á su viuda para aumentar nuestra biblioteca de Historia Natural. La parte de ésta d e positada en el Gabinete, se compone de obras de química, física, mineralogía, geología, zoologia, botánica y no p o cos volúmenes relativos á otras materias bien distintas. Como en la sección depositada en el Jardin , sucede aquí que la mayor parte de las obras son antiguas , pero por lo r e gular selectas y de bastante coste. Para el servicio de las cátedras y tareas prácticas de clasificación, se han comprado modernamente varios tratados descriptivos que por su escesivo precio no están al alcance de las facultades de los discípulos, tales son la Iconografía de Geoffroy Saint H i l a i r e , l a s de las aves de Temminke,la d é l a s aves de África de Levaillant, la del reino animal de Cuvier por Guerin , la de los peces de Cuvier y Valenciennes , el viage al polo Sud y á la Occeania de Duihont ü’Urville , la parte malacológica de la Historia Natural de la Argelia, laHerpetologia de Dumeril y Vibron, la Sinomimia insectorum de Schornher y varias otras , que j u n t o con las láminas zoológicas de Aquiles-Comte , que nos trajo de Paris para el mismo servicio el aprecíame y entendido director general de Instrucción pública D. Antonio Gil de Zarate, queda bastante cubierta la falta que hace ocho años imposibilitaba casi la enseñanza práctica de la zoologia en el museo.

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